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15 de julio de 2014 - Número 146

Fondo de ojo: Venus

Ana Rebeca Prada*

Una película de gran calidad, que respeta la estructura teatral de la obra en que está basada, pero utilizando los recursos del cine para llevar la propuesta a su máxima expresión.
Fondo de ojo: Venus

Roman Polanski tiene una obra muy heterogénea, muy diversa; cuesta mirarla como un todo con hilos evidentes de cohesión. ¿Cómo comparar La novena puerta (1999), El pianista (2001) y Oliver Twist (2005), sólo para hablar de películas recientes? Obviamente que se trata de un gran director, pero los resultados son muy diferentes.
En todo caso y en este contexto, aparece La Venus de las pieles (Francia, Polonia 2013), nominada a la Palma de Oro en Cannes en 2013; ganadora del premio a Mejor Director en los Césares en 2014. Una película muy distante de las grandes producciones que ha realizado. Aquí estamos ante un film de a dos, totalmente realizado en el escenario de un teatro desierto, tarde en la noche en París.
Magnífica pareja de actores en esta ocasión: Emmanuelle Seigner, esposa del Polanski y actriz en varias de sus películas; y el maravilloso Mathieu Amalric, director francés, pero sobre todo gran actor, que conocemos por actuaciones excelentes como la de La escafandra y la mariposa y muchas otras. Magnífica pareja que encara, bajo la dirección de Polanski, la puesta en escena de la obra teatral de David Ives (co-guionista de la película, además, con Polanski) que tiene el idéntico título de La Venus de las pieles. Ives es un dramaturgo norteamericano que estrenó con gran éxito esta obra en off Broadway y en Broadway.
En la película, Polanski arma –a partir de la obra de Ives- una relación intensa que se da en un teatro parisino solitario, entre un director (antes actor), Thomas, que se dispone a irse a casa luego de una serie de pésimas audiciones, y Vanda, una aspirante al papel de la obra que él está montando, La venus de las pieles. Con este título publicó Leopold von Sacher-Masoch una novela en1870, la que causó gran escándalo por el tema del masoquismo, palabra precisamente inspirada en el apellido del escritor. Los personajes de la novela –que, al interior del film, Thomas ha adaptado para el teatro, respetando la historia y los nombres– son Severin von Kusiemski y Wanda von Dunajew. La actriz, que llega al teatro que Thomas se dispone a abandonar, se llama también Vanda, primer signo de que la película va a mezclar ficción y realidad, en una dinámica que termina en una confusión magnífica al interior de esa intensidad que va in crescendo.
Thomas finalmente accede a la audición de Vanda, un poco a desgano. Pero queda absolutamente fascinado cuando ella deja su lenguaje procaz y sus maneras vulgares al convertirse en Wanda von Dunajew en el escenario. Ella lo conmina a leer el rol de Severin von Kusiemski y realizar la audición con ella. Y allí es donde comienza la mencionada confusión estructurante, que está armada con las transiciones permanentes entre personaje y actor (personaje y actriz), y con la creciente fusión (e incluso inversión) de la vida de los personajes con la de los actores. Respetando las relaciones (sado)masoquistas que la novela, fuente primaria de todas las re-escrituras, desarrolla en su trama.
Una película de gran calidad, que respeta la estructura teatral de la obra en que está basada, pero utilizando los recursos del cine para llevar la propuesta a su máxima expresión.

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