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8 de septiembre de 2014 - Número 148

Valcárcel on art

Lucía Querejazu Escobari*

Valcárcel on art

Con motivo de la inauguración de la exposición de Roberto Valcárcel en la sala de exposiciones de la CAF se realizó una charla con el artista. Valcárcel lleva décadas enseñando a jóvenes artistas, diseñadores, fotógrafos y aficionados cómo hincarle el diente a la imagen. Entre cursos y charlas de fotografía, arte y creatividad, las de arte contemporáneo han venido a ser una rara instancia en la que se presenta el tema desde una mirada académica que provee una especie de marco de referencia para la valoración de una obra. Es decir, en ellos Valcárcel explicaba la noción de arte contemporáneo por la cual él trabaja y a partir de la cual se podría determinar si una obra es o no contemporánea. Las reacciones del público fueron siempre polarizadas, están los que tienen por verdadero y única doctrina lo que Valcárcel dice y están los que se sienten insultados con la sola invocación de un marco teórico al quehacer artístico. Sea como fuere lo más valioso es que dejaba en claro que uno puede optar por una definición de arte contemporáneo. De lo cual se asume que no existen definiciones absolutas, que cada artista puede construir su armazón teórico conceptual y regirse por él.

Valcárcel es un fiel seguidor de las ideas de Theodor Adorno y lo que la teoría crítica de la Escuela de Frankfut aportan al pensamiento del arte. El comprender el arte contemporáneo como un dispositivo generador de pensamiento lo convierte en uno que debe estar en constante renovación para poder estimular constantemente ese click en la cabeza de los espectadores. Para lograrlo Valcarcel planteó en esta última oportunidad que los artistas hacen el trabajo de entrar al mundo del Otro para traer cosas de ese a este mundo. Hacen de courier entre el mundo de los locos (definición del artista) y el nuestro trayendo cosas extrañas.

Creo que esto no es más que una nueva forma de expresar lo que antes se habría planteado como la capacidad de sensibilidades particulares (los artistas) de sentir y vivir el mundo. Cuando Valcárcel habla de los artistas como courier entre el mundo de los locos y éste, equivale a la valoración tradicional de que los artistas venían de un mundo más sensible. Ambas formas de verlo son lógicamente compatibles pues viene a ser esa sensibilidad una capacidad de ver las cosas de otra forma y de percibir más intensamente lo que se nos escapa a la gran mayoría. La diferencia radica en que la sensibilidad tiende a asociarse a la capacidad de percibir la belleza y al arte contemporáneo ya no le interesa eso, le interesa hacer click en la cabeza. Por ello no solo es más sensible, sino que es loco, es Otro y por ello puede ser desagradable, abyecto, incomprensible y extrañamente bello.

La exploración de la otredad como concepto es uno mucho más amplio y complejo que una visita al mundo de los locos y el transporte de un paquete llamado luego arte. Existen ramas de las ciencias humanas que se dedican a ello con resultados muy distantes al del arte. Es inevitable preguntarse ¿Hasta qué punto esta exploración del mundo del Otro con el propósito de refrescar nuestra experiencia no es una vez más, un cabinet de curiosidades exóticas? Si lo pensamos así esta definición de arte no es nada más que el reciclado de un etnocentrismo ciego que busca obsesivamente nuevas formas de sentir, ver y pensar. Es el síntoma de una sociedad insaciable.

* Historiadora de arte.


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