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15 de julio de 2014 - Número 146

Democracia y desarrollo económico

Juan Antonio Morales*

“En este período pre-electoral vale la pena –sostiene Morales en este artículo– reabrir el debate sobre algunos temas básicos”. Y propone este: el de la relación entre democracia y desarrollo económico. Y, de hecho, se hace esta pregunta: “Considerando que los déficit de democracia en nuestro país son muy significativos, ¿incidirán esas fallas en el devenir económico del país?”.
Democracia y desarrollo económico

En este período pre-electoral vale la pena reabrir el debate de algunos temas básicos. Uno de ellos es el de la relación entre democracia y desarrollo económico. Se sabe que democracia e ingreso per cápita están correlacionados pero hay controversias sobre el sentido de la causalidad. Los estudios de países muestran que no hay una relación de causalidad significativa entre democracia y crecimiento económico. Autocracias, como las de Corea del Sur hasta principios de este siglo y la China de nuestros días, que a pesar de esa condición han mantenido o ampliado las libertades económicas y el respeto a los derechos de propiedad, han tenido y tienen tasas de crecimiento de su PIB espectaculares. Se hace notar también que la mayoría de los países desarrollados comenzaron su despegue económico con derechos electorales limitados y que solamente después, con la misma prosperidad, se ampliaron los derechos políticos. Se argüirá, sin embargo, que la democracia, entendida en sentido amplio, es la que mejor parece explicar el desarrollo económico, entendido también en sentido amplio.

La democracia electoral no es sino un pasito
Entenderemos por democracia a la democracia liberal representativa, que tiene como requisito mínimo la libertad de la que gozan los habitantes de un país de elegir a sus autoridades, sin coerciones ni trampas. La democracia exige también un conjunto de procedimientos, codificados en constituciones y leyes, que garanticen derechos y prevengan abusos de las autoridades, aun si ellas han sido elegidas por la mayoría. Es de hacer notar, como lo dice J. Lazarte, que “estos derechos no son sólo ‘negativos’ de protección contra las intrusiones indebidas; son también ‘positivos’ de exigencias y obligaciones de un estado activo en la promoción de condiciones para la realización de proyectos de vida de sus ciudadanos” (1). Con democracia queda muy clara la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley, sin privilegios, y quedan claros sus derechos de asociarse en organizaciones independientes del Estado. El estado de derecho es consubstancial al concepto de democracia; lo es también la división de poderes, con un sistema de pesos y contrapesos
En democracia los ciudadanos gozan de una amplia libertad para expresar sus opiniones y creencias. Hace también parte de la cualidad democrática el pluralismo de las fuentes de información y de las modalidades de organización independientes del Estado. En una democracia moderna la sociedad civil se desempeña vigorosamente.
La duración de los mandatos del Poder Ejecutivo parece también ser una característica de la democracia. Si los mandatos son indefinidos surgen los incentivos para que las autoridades disminuyan la calidad de su gobernanza y para que tomen medidas en detrimento de sus gobernados.
Estas son algunas de las características mencionadas que D. Rodrik, profesor de economía de la Universidad de Princeton, incluye en su conjunto de instituciones de refrenamiento (restraint en inglés) junto con las instituciones de representación. “Representación sin refrenamiento –elecciones sin imperio de la ley- es una receta para la tiranía de la mayoría” (2).

Democracia y gobernanza de calidad
Las democracias más estables crean un clima propicio para que se forme una burocracia competente que coadyuve a la gobernanza. La democracia no conduce a un Estado mínimo, como algunas posiciones ultraliberales lo proponen, sino a un Estado más eficiente en el logro de sus tres funciones clásicas de (1) proveer bienes y servicios públicos, (2) velar por una distribución equitativa de los frutos del progreso, y (3) mantener la estabilidad de la economía, es decir una inflación baja, con un nivel satisfactorio de empleo y de actividad económica. Todas estas funciones, claro está, están vinculadas a los derechos fundamentales de los ciudadanos.
En las economías y sociedades modernas, el Estado tiene un papel subsidiario, lo que quiere decir que actúa solamente cuando la provisión de bienes y servicios para la población por el sector privado es insuficiente. Actúa también para mitigar las grandes desigualdades en la distribución del ingreso y de la riqueza pero tratando siempre de no penalizar la eficiencia. El equilibrio entre equidad y eficiencia es difícil, pero las sociedades democráticas lo consiguen.
Un acompañante muy importante de la democracia es la rendición de cuentas. Ella proporciona los mecanismos para que los gobernantes y la administración que está bajo su tutela rindan cuentas de lo actuado y para que los ciudadanos otorguen premios o sanciones. Se subraya también que se juzga a menudo la calidad de la gobernanza por la ausencia de corrupción.

El desarrollo es más que buenos indicadores macroeconómicos

El desarrollo económico es, por supuesto, crecimiento de la economía a tasas razonables, pero el crecimiento y la mayor disponibilidad de bienes y servicios no son fines últimos sino medios, como dice Amartya Sen (3). El desarrollo económico consiste en una expansión de las libertades, siendo una de ellas, la liberación de necesidades básicas apremiantes.
El bienestar humano es central en la concepción de Sen. El desarrollo es visto entonces como el proceso de expandir libertades. Para lograr este tipo de desarrollo, Sen arguye, se requiere la remoción de la pobreza, de la tiranía, de la falta de oportunidades económicas, de las carencias sociales, de la insuficiencia de servicios públicos y de la maquinaria de la represión. Nótese la coincidencia con los marcadores de democracia que hemos mencionado al principio de esta exposición.
El desarrollo económico implica, de manera fundamental, la libertad individual de poder expandir al máximo sus capacidades. Las instituciones políticas de la democracia, porque limitan los alcances del poder estatal, aguijonean al desarrollo económico. El respeto a los derechos de propiedad y a los frutos del esfuerzo es central para un genuino desarrollo económico.
La inclusión es una característica clave de las sociedades exitosas (4). Desigualdades muy marcadas en la distribución del ingreso y de la riqueza no sólo que son injustas sino que conducen a inestabilidades políticas. La polarización es enemiga del crecimiento económico y del desarrollo.
Los déficit de democracia en nuestro país son muy significativos y no pocos derechos fundamentales individuales han sido subordinados a derechos colectivos difusos, que aumentan el tamaño y el poder del Estado, más allá de lo que lo hacen las democracias modernas. Tampoco, a pesar del discurso, tenemos una sociedad incluyente. ¿Incidirán estas fallas de nuestra democracia en el devenir económico del país?

* Economista.

  • 1. Lazarte, J. “El silogismo de la democracia,” en Página Siete, 4 de mayo de 2014.
  • 2. Rodrik, D. “Rethinking Democracy”, en Project Syndicate, 11 de Junio de 2014.
  • 3. Sen, A.K. Development as Freedom. New York: Random House, 1999.
  • 4. Acemoglu, D. y Robinson, J. Why Nations Fail? Londres: Profile Books Ltd, 2012.
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