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16 de mayo de 2014 - Número 144

El capitalismo de camarilla en Bolivia: De cooperativistas y caterings

Diego Ayo*

“Lo que sucedió con la cuñada del vicepresidente García Linera o lo que sucede ahora con los cooperativistas mineros amerita –sostiene Ayo en este ensayo– una reflexión sobre el modelo económico que parece ya consolidarse en Bolivia. La hipótesis que ensayamos aquí es que comienza a delinearse una economía plural, sí, pero una que lo es de un modo específico: es ‘plural’ en tanto pone en escena variaciones de un capitalismo de camarilla o capitalismo político, que persigue la consecución de objetivos políticos: la perpetuación (o al menos su prolongación) de la clase política”.
El capitalismo de camarilla en Bolivia: De cooperativistas y caterings

Nuestro propósito, por tanto, es comprender este modelo, el del “capitalismo plural de camarilla”, además de su impacto en el crecimiento económico. Esto último –determinar su impacto en el crecimiento- es no menos necesario en vista a lo que sugiere el sentido común: si los parientes o los aliados se quedan con los pedazos más grandes de la torta, ¿qué pasa con el resto de los bolivianos? Aprovecho, en lo que cabe, un marco teórico derivado del estudio de los modelos económicos de Corea del Sur y Filipinas.

Corea del Sur y Filipinas

Esta tesis tiene dos componentes. Por un lado, la certeza de que en ambos países, Corea del Sur y Filipinas, prospera un capitalismo de camarilla, aquel de beneficio a cuñadas y socios políticos. Por otro lado, y sin embargo, la comprobación de que este mecanismo no necesariamente deriva en un crecimiento negativo. Si bien esta última posibilidad caracteriza al modelo filipino, no sucede lo mismo con Corea del Sur, un país a todas luces económicamente exitoso. La pregunta obvia es la siguiente: ¿qué permite que un modelo orientado a beneficiar a ciertas camarillas, más que a la mayor parte de los ciudadanos, logre en un caso sobresalir económicamente y en otro caso no? La respuesta la ofrece la resultante de combinar la fuerza del Estado con la fuerza de los actores económicos.
Dentro del Estado se visualizan dos tendencias según su fuerza: o se trata de un Estado fracturado o de un Estado coherente. Este último supone la existencia de un Estado con capacidad estratégica (qué sepa a dónde apunta), coordinación intergubernamental horizontal y vertical (entre ministerios y/o entre el gobierno central y las unidades territoriales desconcentradas y/o desconcentradas) e independencia (que implica que cada actor estatal sepa su rol y lo practique sin interferencia de algún nivel, en especial el gobierno central); un Estado fracturado no tiene esa capacidad estratégica, no coordina e incentiva la dependencia hacia el gobierno central.
Dentro de los actores económicos se visualizan igualmente dos tendencias según su fuerza: o se trata de un conjunto de actores económicos dispersos o de actores económicos concentrados. Esta última opción supone la presencia de un conjunto de actores con capacidad de actuar orgánicamente frente al Estado como interlocutores representativos de la gama de actores económicos existentes; su par disperso no tienen esa solidez orgánica, lo que supone la presencia de múltiples actores que se auto-representan.
Se observa el submodelo de “empate estratégico” entre un Estado coherente y un conjunto de actores económicos concentrados. En esta situación lo que predomina es el apoyo mutuo entre el Estado y los actores económicos, que se redistribuyen la renta de modo concertado. En la medida en que no hay una parte, sea estatal o empresarial, que se imponga sobre la otra, el uso del excedente económico resulta equitativo. Además, y es lo más sobresaliente, el control mutuo impide que la corrupción avance. Ese control relativamente parejo posibilita que la injerencia política sea regulada. No desaparece el capitalismo de favores pero éstos no se “salen del cauce” establecido.
Luego, vemos el submodelo “rentista”. Se caracteriza por la presencia de un Estado fracturado y una sociedad económica concentrada. En este escenario lo que encontramos es un uso del excedente de “abajo hacia arriba”. Vale decir, son los actores económicos los que tienen la sartén por el mango y presionan al Estado para que se les otorgue el excedente sólo a ellos o con prioridad a ellos. El Estado, por su parte, está relativamente maniatado.
En tercer lugar, tenemos el submodelo “predatorio”. Ofrece la imagen inversa del modelo previo. Se caracteriza por la presencia de un Estado coherente y una sociedad económica dispersa. En este escenario lo que impera es un uso del excedente de “arriba hacia abajo”. Es decir, es el Estado esta vez quien tiene la sartén por el mango en desmedro de una sociedad económica marginal. Por lo tanto, es el Estado el que decide quién se queda con el excedente, partiendo de la tesis de que su mayor fuerza respecto a la sociedad económica y la consecuente falta de control de abajo hacia arriba, determina que los recursos fluyan con un destino: consolidar a la fracción estatal dominante.
Finalmente, tenemos el submodelo “residual”. Se caracteriza tanto por la presencia de un Estado débil como de una sociedad económica dispersa. En este escenario, lo que predomina es la escasez de una renta excedentaria que pueda ser disputada por los polos descritos. Se da mayormente en situaciones de crisis económica donde las fracciones estatales quedan huérfanas de guía política y la sociedad, en general, se desbanda.
De acuerdo a la investigación mencionada, Corea del Sur optó por el submodelo de “empate estratégico”, al igual que Taiwan o Indonesia, logrando un desarrollo económico consistente, con empresas que, si bien reciben favores, pagan impuestos, desarrollan tecnología, impulsan el surgimiento de recursos humanos, etc. Filipinas, en cambio, deambuló entre el cuadrante ii y el iii, logrando que la renta o se quede en fracciones estatales o se vaya hacia fracciones económicas corporativas. De ese modo, quedó poco para invertir en el beneficio común. Baste recordar que el presidente Marcos, con los 40 mil millones que robó de las arcas estatales, es considerado uno de los 5 cleptócratas más destacados de la historia mundial.
Si este es el marco teórico, ahora es necesario discutir dónde se encuentra el país. Antes de hacerlo conviene mirar hacia atrás: ¿en el periodo neoliberal la situación era diferente?

Periodo neoliberal
Creo que lo que se vivió en este periodo, el neoliberal, fue el acoso empresarial a un Estado débil. La realidad boliviana estuvo lejos de la ficción de la libre competencia. Lo que en verdad caracterizó este periodo fue la privatización de este excedente con orientación empresarial. Los subsidios recurrentes a la empresa agroindustrial cruceña (por ejemplo del diesel) o el pago impositivo de sólo el 18% de parte de las empresas transnacionales (ellas se quedaban con el 82%) son prueba de ello. No es necesario ofrecer más ejemplos. Quede, sin embargo, la tesis de que en ese periodo la política estuvo al servicio de la economía. Quizás de 1998 a 2002 se podría pensar que se “avanzó” hacia otro modelo. Esta posibilidad puede ser motivo de un investigación. Por ahora, se puede decir que el rasgo dominante de nuestro neoliberalismo fue el de un capitalismo de camarilla de beneficio empresarial privado.

Periodo actual
Creo que lo que se vive hoy tiene una triple orientación.
El reciente pacto entre la empresa privada cruceña y el gobierno central no supone la capitulación de ningún lado. Los empresarios se dieron cuenta de que no pueden ningunear al gobierno si quieren ganar plata. Al hacerlo, lograron tener un rédito económico que supera los 4 mil millones de dólares de 2006 en adelante, frente a los 2 mil millones en similar periodo antes de esa fecha. El gobierno, a su vez, se percató de que nunca va a ganar Santa Cruz si sigue peleándose con ellos. Asimismo, se dio cuenta de que gran parte de la canasta familiar boliviana se abastece con productos del agro cruceño. Mejor, por tanto, quedarnos todos callados y aplicar el modelo propio de Corea del Sur. Modelo o submodelo que, en todo caso, posibilita un margen de desarrollo económico consistente.
Y se revela algo crucial: ya no son las empresas privadas las que acosan al Estado sino las propias fracciones corporativas aliadas al gobierno, de variados actores, desde los cooperativistas hasta los militares. En mi criterio, teniendo en cuenta que en este periodo es la economía la que está al servicio de la política, no será extraño atestiguar la paulatina consolidación hasta de empresas militares (e.g.: el “Comando de la Construcción del Ejército”). En este cuadrante se observa un Estado acosado y una sociedad económica sólida, con un uso del excedente económico de “abajo hacia arriba”. Queda poco para el Estado mismo y, por ende, menos para el conjunto de los bolivianos.
 En el afán, reiteradamente sugerido por el vicepresidente García, de “fortalecer al Estado como el actor económico más fuerte pasando de un manejo de aproximadamente el 5% del pib al 30% y más”. Las estatizaciones, la creación de empresas públicas y/o la orientación de la inversión pública (más del 30%) hacia este tejido empresarial son pruebas de la consolidación de este actor. Sin embargo, como ya lo demuestra un último informe de la Cámara de Industrias, hay una disminución del 40% en la actividad industrial boliviana: el Estado ha copado espacios que antes le estaban reservados a esa industria. Este solo dato basta para comprobar que el Estado empieza a fagocitar el excedente frente a una sociedad empresarial más dispersa que nunca, entre aquella acosada (por ejemplo Aerosur), quebrada (Ametex), nacionalizada (ya son 16), cooptada (diversas facciones) o puesta en segundo plano (frente a determinado apoyo preferencial a pequeños productores campesinos, por ejemplo).

El futuro próximo

Resumo: lo sucedido con los cooperativistas y/o con la cuñada revela la construcción de una economía “plural”: rentista, predatoria y de empate estratégico. Si seguimos la nomenclatura del marco teórico sugerido, el desarrollo económico seguirá adelante en Santa Cruz según el submodelo coreano del sur, beneficiará a facciones corporativas impulsando mayor desigualdad (según el modelo rentista boliviano neoliberal aunque con otros rentistas) y/o consolidará “burguesías burocráticas” escasamente eficientes y altamente inclinadas a enriquecer a familiares, amigos y militantes (como en el periodo filipino de Marcos).

*Politólogo y escritor.

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