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Soza, un delincuente confuso

Delincuente confuso: así definió el presidente Morales al otrora todopoderoso fiscal Soza, en un lapsus que terminó siendo tan revelador como las nuevas denuncias que profirió el principal operador gubernamental del “caso terrorismo” a tiempo de solicitar asilo político en Brasil. Soza admitió que todas las irregularidades cometidas en ese caso son ciertas pero no son imputables a él sino a funcionarios del Gobierno: allanamiento del Hotel las Américas por orden directa del Presidente y sin presencia de un fiscal; implantación de pruebas en la escena del crimen; adulteración del informe forense; compra de testigos falsos; extorsión a los familiares de los implicados; utilización del caso para fines de persecución política; infiltración de agentes de gobierno para la ejecución del único atentado atribuido al grupo de Rozsa; etc. Soza reconoció que las grabaciones en las que relata las irregularidades del caso son auténticas. En una de ellas habla de su estrecha relación con el Presidente y el Vicepresidente, con quienes coordinaba las acciones punitivas. “Si se cae el caso, se cae el gobierno”, se le escuchó decir. Toda esta trama delincuencial es ciertamente muy confusa.


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