Suscríbete Hemeroteca

15 de agosto de 2014 - Número 147

El lado oscuro de la política

Gonzalo Rojas Ortuste*

Siempre que el panorama político me decepciona –y eso ocurre más frecuentemente de lo que quisiera– me repito a mí mismo que hay que poder ver los matices del gris, y ya con Goethe, lo multicolor del mundo. Pues ahora que varios nombres de conciudadanos y conciudadanas se conocieron con motivo de las listas para los cargos de elección popular y algunos alineamientos concomitantes, su poder de exorcizar mis humores negros no funcionó, y eso que estoy aprendiendo el poder del mantra…
El lado oscuro de la política

Siempre que el panorama político me decepciona –y eso ocurre más frecuentemente de lo que quisiera– me repito a mí mismo que hay que poder ver los matices del gris, y ya con Goethe, lo multicolor del mundo. Pues ahora que varios nombres de conciudadanos y conciudadanas se conocieron con motivo de las listas para los cargos de elección popular y algunos alineamientos concomitantes, su poder de exorcizar mis humores negros no funcionó, y eso que estoy aprendiendo el poder del mantra…
De todas formas me resisto a abandonarme al pesimismo, sobre todo cuando en octubre hay la posibilidad de cambiar, siquiera un poco, el paisaje actual. Por eso quiero reflexionar brevemente sobre lo que pudo haber pasado para que personas valiosas, hombres y mujeres, que en el pasado cercano mostraron su oposición al régimen actual por razones políticas que comparto y hoy declaran su favor al oficialismo; que en el fondo es lo profundamente humano que tiene esta actividad, “la más arquitectónica” solía decir el maestro de maestros, Aristóteles, que está orientada por valores éticos.
En el otro extremo de la comprensión política está aquélla que predica como decisiva la relación amigo-enemigo. Por ello, no sería sino una extensión conveniente de la guerra. De allí el despliegue de la dominación, la intimidación, las limitaciones de dimensiones importantes de la vida diaria a esos opositores, que finalmente los sitúa ante la difícil opción de declararse favorables hoy al binomio oficialista. No puedo condenarlos, porque recuerdo declaraciones valientes de ellos, de Doña Justa y de Don René, en el momento del abierto conflicto con el poder político que, embravecido, arremetió contra ellos. Ellos representan algo muy distinto de lo que un abogado cruceño, ahora candidato masista, sobre el que se conocieron públicamente denuncias de lo que lamentablemente es moneda corriente en la maltratada administración de la justicia boliviana y causante de una crisis aguda y de difícil solución. Esos acomodos a lo largo y ancho de este sufrido país son demasiado conocidos para sorprender. Lo curioso es escuchar proclamas de reconciliación de los políticos oficialistas a la hora de justificar esas conductas; de aquéllos que han hecho del rencor y de la descalificación su manera predilecta de intervención pública.
Se transmite actualmente, creo que solo por cable, una serie ya atiborrada de premios, Game of Thrones, en la que dos jóvenes personajes –que luchan por el reconocimiento de sus severos padres gobernantes de reinos rivales– se enfrentan. Uno de ellos es derrotado y hecho prisionero. Como era común en la época medieval en que está ambientada, el perdedor es sometido mediante la tortura hasta convertirse en dócil servidor del repugnante victorioso. Rehuyo esa imagen como símil para entender el comportamiento de mis congéneres en el momento actual; pero, tozuda, esa imagen reaparece con la fuerza con la que la de Banquo atormentaba a Macbeth. No en vano eso ocurre en la tragedia del poder político, el espacio por excelencia para el despliegue de las grandezas y miserias humanas.
Sigo resistiéndome al pesimismo. Y por ello creo que habrá que mirar con lupa a quienes vayamos a favorecer con el voto, puesto que al favorecer la llegada a la cúspide del Estado de un determinado binomio también elegimos al/la senador/a y al/la diputado/a plurinominal. Es decir, con un voto elegimos a cuatro mandatarios. Lo del uninominal es más obvio y felizmente, desde sus inicios, el voto cruzado ya opera. Es verdad que no tenemos entre los miembros del panorana electoral de la clase política actual figuras de la entereza del recordado Marcelo Quiroga Santa Cruz, pero hay gente con merecimientos de valor civil y vocación de servicio, cierto que pocos y pocas, y a esos raros especímenes habrá que favorecer. Tiempos oscuros estos, pese al abigarramiento y a la bulla, a veces con danza, en los lugares menos esperados, como el atrio de la universidad paceña.

* Profesor del área política del postgrado
de la universidad pública paceña.

comments powered by Disqus
Una publicación de: