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15 de agosto de 2014 - Número 147

Oficialismo y oposición: hacia las elecciones 2014

Fernando L. García Yapur*

Fernando García Yapur desarrolla una caracterización del decurso y de la cristalización organizacional y propositiva de las fuerzas políticas que participan en el proceso electoral que culminará el 12 de octubre de 2014.
Oficialismo y oposición: hacia las elecciones 2014

A lo largo del primer semestre del año 2014, las principales fuerzas políticas del país desplegaron un conjunto de estrategias dirigidas a consolidar sus estructuras político-electorales para enfrentar la contienda por la elección de las principales autoridades gubernamentales. La aprobación por parte del Tribunal Supremo Electoral del calendario electoral para la puesta en marcha de las Elecciones Generales del presente año (2014) ha establecido una ruta crítica de habilitación y desarrollo de las campañas político-electorales que se desplegarán a lo largo del segundo semestre del año en curso. La fecha fijada para el evento es el 12 de octubre.
En este marco, son cinco las fuerzas políticas que han logrado habilitarse para fungir en la contienda democrática: El Movimiento Al Socialismo (MAS-IPSP) que aglutina a la coalición gubernamental encabezados por el Presidente del Estado, Evo Morales y, el Vicepresidente, Álvaro García, quienes irán a la tercera relección consecutiva, en calidad de candidatos oficialistas. La Concertación Unidad Demócrata (CUD) encabezada por el empresario Samuel Doria Medina y por el líder regional Ernesto Suárez, exprefecto y exgobernador del departamento del Beni, como candidato vicepresidencial. El Movimiento Sin Miedo (MSM), que lleva como candidato presidencial a su principal líder nacional, Juan del Granado, y a la exparlamentaria Adriana Gil como candidata vicepresidencial. El Partido Demócrata Cristiano (PDC) con el expresidente de la república Jorge “Tuto” Quiroga a la cabeza y Tomasa Yarhui, indígena y exministra del gobierno de Quiroga, como candidata vicepresidencial. Por último, el partido VERDE postula a la presidencia a Fernando Vargas, a un dirigente de los indígenas de tierras bajas, que fue protagonista del conflicto del TIPNIS, y a la exparlamentaria Margot Soria como candidata a la vicepresidencia.
El gobierno, a partir de la resolución de los asuntos legales sobre la habilitación del Presidente y Vicepresidente a la tercera reelección, desarrolló a lo largo del primer semestre una fuerte dinámica de consolidación de su estructura de poder que sostiene a la coalición gubernamental. Por una parte, las alianzas con las organizaciones campesinas indígenas como la CSUTCB, la CSCIOB (excolonizadores) y de mujeres aglutinadas en CSMCIOB-“BS”, han logrado asentar la fuerza política, social y electoral de base local y campesina del gobierno, en función a la influencia y poder jurisdiccional que estas organizaciones sindicales y corporativas ejercen en determinadas unidades territoriales del país. Por otra, el gobierno ha desplegado un conjunto de acciones dirigidas a lograr una mayor incorporación de actores y grupos sociales a la estructura de apoyo y alianza gubernamental, sobre la base de mecanismos de intercambios políticos entre el gobierno y las distintas organizaciones corporativas que, al igual que las organizaciones campesinas indígenas, son factores de poder en términos de la capacidad de congregación, presión y movilización social como son: la COB, los cooperativistas mineros, corporaciones de sectores productivos y de servicios, organizaciones de gremiales, asociaciones de productores, etc.
Por último, el gobierno ha establecido en su estrategia discursiva un amplio programa de medidas y propuestas que proyectan la implementación de políticas públicas no solo para el próximo quinquenio, sino para el horizonte de la celebración del Bicentenario de la independencia del país: La Agenda Patriótica 2025. Ésta define trece líneas programáticas que pretenden sentar las bases de una nueva estructura económica y social del país, a fin de intentar superar los grandes clivajes y déficit estructurales respecto a las condiciones de igualdad, integración y desarrollo. En función a ello, la estrategia política desplegada por el gobierno fue, y es, la de redituar los principales logros en cuanto a gestión gubernamental de los últimos ocho años en materia económica y social, así como la puesta en marcha de las medidas proyectadas en la denominada Agenda Patriótica.
De esta forma la estrategia gubernamental para enfrentar las elecciones generales de octubre próximo combina tres condiciones básicas: 1) La capacidad de proyectar un amplio programa de políticas públicas en función a los logros obtenidos en las dos gestiones gubernamentales pasadas, atribuidos a las dos figuras proyectadas como los principales conductores y líderes: Evo Morales y Álvaro García Linera. 2) El estilo práctico del gobierno de Evo Morales en la gestión de los asuntos políticos que ha posibilitado una eficiente gestión hegemónica del poder, a través de la ampliación de las dinámicas de articulación social y política con distintos sectores y actores; desplegando múltiples mecanismos de intercambios políticos e intervenciones estratégicas en distintas escalas y niveles. 3) La consolidación de las estructuras sociales de apoyo y sustento al poder político del gobierno sobre la base de la fuerza territorial de las organizaciones campesinas indígenas afines al gobierno, quienes identifican al MAS-IPSP como “su instrumento político” y, al gobierno de Evo Morales como “su gobierno”.
En el campo de la oposición, las estrategias siguieron distintos caminos que desembocaron en la constitución de cuatro proyectos electorales. Si bien desde finales del año 2013 fueron visibles aprestos de unidad de la oposición, a través de la constitución de un Frente Amplio en el que debían converger la mayor cantidad de fuerzas políticas, esa unidad resultó distinta a la inicialmente propuesta: a la proyección de una “institución para la democracia” con perspectiva más larga que las contiendas electorales inmediatas. La convocatoria por la constitución del Frente Amplio postulada por Unidad Nacional (UN), partido del empresario Doria Medina, junto a un grupo de organizaciones políticas de carácter regionales, locales y de la participación de personalidades políticas e intelectuales, se fracturó en el momento en que UN y su líder nacional lograran un acuerdo de alianza electoral con el Movimiento Demócrata Social (MDS), partido del gobernador del departamento de Santa Cruz, Rubén Costas.
El acuerdo de estas dos fuerzas políticas delimitó básicamente el alcance de la articulación de la oposición en general ya que ambas organizaciones definieron el binomio electoral: Samuel Doria y Ernesto Suárez y, consecuentemente, la modalidad de la distribución de los recursos de poder y de representación para la configuración de las listas de los candidatos a la Asamblea Legislativa Plurinacional. Esta situación generó la ruptura del embrión de Frente Amplio que se hallaba en proceso de maduración, ya que las organizaciones políticas de orden “menor” que participaban de la iniciativa y, las personalidades que venían agrupándose, fueron virtualmente supeditadas a las determinaciones de las estructuras políticas de la alianza y, así, no fueron consideradas las intenciones de construcción de la denominada “institución política” para la democracia.
En ese sentido, la definición del binomio electoral de la Concertación Unidad Demócrata (CUD), como se denomina a la alianza entre UN y el MDS, desencadenó finalmente la fragmentación de las fuerzas políticas opositoras que deviene en la concreción de un amplio espectro de disputa y posicionamientos políticos. Por una parte, el MSM de raigambre territorial en la ciudad de La Paz, que inicialmente buscó, por su parte, concretar una alianza con las fuerzas del MDS con asidero político territorial en el oriente del país (principalmente en los departamentos de Santa Cruz y Beni), sobre la base de la postulación de la candidatura de Juan del Granado, se vió obligado a definir el binomio electoral en el marco de su estructura político-partidaria, invitando como acompañante a la diputada Adriana Gil, novel parlamentaria que había transitado de disidente del MAS-IPSP, durante la primera gestión de gobierno de Evo Morales, a ser parte de la representación opositora en el hemiciclo parlamentario. Desde finales del año 2013, Adriana Gil fue anunciando reiteradamente su interés de correr como candidata presidenciable.
Asimismo, en la estrategia política del MSM para dosificar la candidatura de su líder nacional, logró el apoyo de actores que inciden en la deliberación política. Es el caso de la incorporación de la diputada disidente del MAS-IPSP, Rebeca Delgado, como una aliada que respalda la candidatura del MSM. Además, según dirigentes del MSM, se han ido firmando un número de acuerdos con sectores y organizaciones de la sociedad civil que, aunque no tienen la misma fuerza y estructura de las organizaciones que desembocan en el MAS-IPSP, son de importancia local, urbana y sectorial. Con ello, el MSM pretende constituirse en una opción que busca capitalizar, desde una posición de centro-izquierda, la posibilidad de reconducción democrática e institucional del proceso político y social que vive el país.
Una reacción de desborde del binomio logrado por UN y MDS, que aglutina al grueso de personalidades que se desempeñaron como opositoras al gobierno de Evo Morales, es la emergencia de la candidatura de Jorge “Tuto” Quiroga y Tomasa Yarhui, por el Partido Demócrata Cristiano (PDC). Esta organización partidaria ha mantenido su personería jurídica gracias a la capacidad de sumarse a las coaliciones que se armaron en las últimas contiendas electorales. Sin embargo, su estructura e incidencia política era y es básicamente inexistente. La candidatura de “Tuto” Quiroga expresa así la puesta en escena del discurso de la oposición convencional al gobierno de Evo Morales, muy en boga en círculos y corrientes conservadoras del país y de la región latinoamericana y logra la confluencia de un conjunto de personalidades que, desde el año 2006, se posicionaron como actores contrarios al gobierno y que, frente a la inexistencia de una estructura partidaria que los articulara, se hallaban aislados. La principal característica de esta opción política es la capacidad discursiva y simbólica de su candidato que buscará polarizar el campo político, ubicándose en uno de los extremos del espectro: la derecha política.
 Finalmente, una opción nueva en el espectro político-electoral es la propuesta del partido VERDE que buscará seducir al electorado indeciso. Es una organización política que logró obtener su personería jurídica del actual Órgano Electoral y que busca ser un referente nacional de las corrientes ecologistas que se desarrollan a nivel global. En ese sentido, la candidatura de Fernando Vargas, dirigente indígena de las tierras bajas e interlocutor de las demandas de la Octava Marcha en defensa del TIPNIS, junto a Margot Soria, presidenta del partido, se plantea como una alternativa que pretende rescatar y disputar la propuesta indígena del modelo comunitario de desarrollo que se halla fijada en la CPE. El modelo para “Vivir Bien” es muy afín a las perspectivas del desarrollo sustentable y a las declaraciones sobre los derechos de los pueblos indígenas y de la “Madre Tierra” que se dilucidan y debaten a nivel internacional. Por ello, el campo de disputa en el que esta opción pretende incidir es el de la crítica al modelo “desarrollista” y “extractivista”, impulsado por los grandes intereses capitalistas de la región, y la crítica a la vulneración de los derechos colectivos de los pueblos indígenas minoritarios y de otros sectores.
En suma, el campo de la oposición es un espacio de disputa de tres opciones político electorales. La población objetivo de la interpelación opositora en su mayoría es de carácter urbano, principalmente de sectores medios consolidados y, en pocos casos, de sectores rurales y campesinos indígenas mayoritarios. Por ello, el electorado al que apelan es altamente volátil, puesto que los referentes para la definición de las preferencias electorales, por parte de estos sectores, son disímiles y contingentes. Así, la capacidad de seducir a estos sectores dependerá de la manera en que se digan las cosas y, consecuentemente, del modo en que las posiciones sean dramatizadas, así como en el desempeño de los candidatos para asentar sus posiciones y representaciones políticas.
 
* Politólogo.

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