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15 de julio de 2014 - Número 146

Semblanzas para un tiempo a medias

Filemón Escóbar*

Reunimos aquí algunos sabrosos fragmentos de "Semblanzas", el nuevo libro de Filemón Escóbar. En ellos, Escóbar señala las razones que lo llevaron a la escritura, describe su decepción con la nueva minería de cooperativistas, que llama “oligárquica”, y, finalmente, ofrece el retrato de tres históricos líderes de la izquierda minera: Guillermo Lora, Juan Lechín y Simón Reyes. Cerramos esta selección con una anécdota sobre los orígenes filo-troskistas del Che Guevara.
Semblanzas para un tiempo a medias

1. ¿Por qué escribo?

Hoy en día vivimos el tiempo de los medios hombres, medias almas,
medios revolucionarios; regatean las ideas y los precios, sirven a Dios y trafican con el diablo, fueron dictadores o “guerrilleros”,
y son ahora demócratas y “dignatarios”.

André Malraux

Malraux tenía razón, hace tantos años vivimos el tiempo del desprecio, del olvido, la ingratitud y del acomodo cínico y personal. Pero parafraseando a Josefina Suárez Serrano, biógrafa de Juan Jacobo Rousseau: yo no escribo por oficio como la gente de letras, nunca he escrito “más que por pasión”. He sido minero y gracias a las dirigencias sindicales, apresamientos, confinaciones, encarcelamientos, deportaciones, etc. no he terminado con silicosis, aunque me la detectaron en mínimo grado; y mi vida se ha prolongado. Debo manifestar que mis compañeros de trabajo, mis compañeros de lucha tanto como dirigentes y camaradas de partido, mis compañeros de cárcel durante el gobierno de Barrientos casi todos están muertos. Los que marcharon conmigo en “La Marcha por la Vida”: Simón Reyes, Pablito Rocha y tantos compañeros que sería largo enumerar, ya no están con nosotros. Somos muy pocos los que quedamos de la época gloriosa de las minas. Esto me lleva a escribir sobre lo que me atormenta en las noches de insomnio, el recuerdo de mis compañeros, la muerte trágica de hombres tan valientes y tan valiosos.
No puede quedar en el olvido la vida heroica de César Lora, Isaac Camacho, Irineo Pimentel, Federico Escóbar, Domitila Chungara; la influencia política y sindical de Guillermo Lora, Juan Lechín, Simón Reyes, Víctor López. La contribución a la minería boliviana de Marcelino Jofré, Boris Yaksic, Oscar Dávila. Cómo no recordar a Marcelo Quiroga Santa Cruz, hombre de mucha valía y coraje, excelente orador, cuya pérdida fue irreparable. De amigos entrañables como Joseph Mirtenbaum, que me condujo a la senda de los indígenas allá por el año 1990 en San Lorenzo de Moxos, donde se acordó la primera marcha “por el Territorio y la Dignidad”, nombre sugerido por Jossy y aceptada por la asamblea de San Lorenzo de Moxos. Nombro a Carlos Mesa porque lo considero un gran demócrata, su distanciamiento de Sánchez de Lozada y su arribo como presidente ha sido de vital importancia para la caída de los partidos neoliberales.
Estoy próximo a ser octogenario, pero todavía puedo captar la atmósfera en la que estamos viviendo. Pueden tacharme de loco porque he perdido el miedo no sólo ahora, siempre, de decir las cosas por su nombre y de frente con toda franqueza, sin tapujos, ya sea en gobiernos dictatoriales, neoliberales o durante “este proceso de cambio que no cambia nada”. Y muchas veces actúo impulsivamente, y por esto me han tachado de “viejo chocho” los que se colaron en este gobierno, como es el caso de los Linera, Quintana, Romero, Arce, Sánchez etc., etc., que no tienen trayectoria política que contar salvo su servilismo a los gobiernos dictatoriales y neoliberales. O fueron guerrilleros de escritorio.
Recurro a mi memoria sobre lo que conozco respecto a las minas y sobre los personajes que más me han impresionado en mi larga trayectoria de mi vida como minero, dirigente sindical y político. Mi mayor deseo es que se mantenga vivo el recuerdo de las luchas, la tradición y la historia del centro minero más importante de Bolivia en el Siglo XX, que así se llamó a esta mina que tuvo una vida heroica, trágica y a la vez grandiosa.
 
2. La nueva oligarquía minera

Allí donde no existe disciplina filosófica, el pensamiento baja de nivel,
se extravía en concepciones arbitrarias, extrañas supersticiones
aparecen sin control y el fanatismo florece en todas sus formas,
con todas sus estrecheces y con todas sus violencias.

Guillermo Francovich

El pensamiento ideológico del MAS fue escrito en el año 2002, exactamente en el mes de diciembre. Han pasado 12 años, en los cuales ese pensamiento ideológico no sólo ha sufrido una revisión, sino su total reformulación. (Hasta la propia Amalia Pando, que otrora fue de Vanguardia Obrera, se identificó con Evo hasta las plantas de sus pies, no sé si sigue, aunque ella es muy inteligente para secundar la farsa y el falso indigenismo de izquierda que se encaramó en el poder). Y, con facilidad asombrosa, a organizaciones de larga tradición de lucha –como fue la Federación de Mineros y la COB– Evo las convierte en sus fieles sirvientes.
A los casi 10 años del gobierno de Evo, los cooperativistas antes que mineros son destructores de la minería. Se han convertido en la “nueva oligarquía” en la zona occidental del país y han empobrecido a los departamentos de Potosí y Oruro mucho más que en la época de la Colonia y la República. Me explico.
En tiempo de los magnates, primero de la plata y luego del estaño, se construyeron los ferrocarriles y Patiño terminó el tramo Machacamarca-Uncía. En sus campamentos se dotó de energía eléctrica, de una vivienda, de baños públicos, de una extraordinaria pulpería barata, sin que falte ningún artículo y menos una libra de coca. El trabajo estaba asegurado, la educación del más alto nivel con los mejores alumnos de las Escuelas Normales de Sucre y de La Paz como profesores.
En tiempos de la COMIBOL, el hospital de Catavi poseía una enorme infraestructura, además de enfermeras de alta calidad; no debemos olvidar que la Escuela de Enfermeras de Catavi estaba entre las más importantes de América Latina. Se contrataba a los mejores médicos en las diferentes especialidades. En la sala de operaciones se contaba con la tecnología de punta de ese periodo. La farmacia cubría todas las necesidades de salud no sólo del hospitalizado, sino de toda la familia del trabajador. La mortalidad infantil y materna era la más baja de América Latina, incluyendo a Cuba. La Federación de Mineros garantizaba la seguridad en el trabajo y fue más allá de garantizar por muchos años más la producción minera; logró la gran conquista de los hornos de fundición de Vinto. Otro logro fue la concentración de los minerales de baja ley en la Palca (Potosí) para la exportación y se logró la fundición de la plata y el plomo en la zona de Carachipampa que hasta ahora sigue paralizada.
A 10 años de Evo, los cooperativistas mineros, hijos legítimos del 21060 de Sánchez de Lozada, han emprobrecido Potosí y Oruro. No existe salud y menos educación, no existe trabajo estable. No funciona Carachipampa, no funciona la Palca de Potosí. Los cooperativistas mineros son unos asesinos de la historia de la minería, porque Potosí y Oruro sólo pueden sobrevivir con empresas privadas o estatales, pero en ningún caso con el empirismo de los cooperativistas.

3. Tres retratos y una anécdota

Retrato de Guillermo Lora


No fue fundador del POR e intentó por todos los medios descartar a Tristán Maroff como el fundador del trotskismo y atribuir sólo a Aguirre Gainsborg ese privilegio. Tampoco alcanzó a construir un partido realmente bolchevique, la organización de los “troskos”, y sólo alcanzó a tener células de obreros en algunos sindicatos, en particular en la mina de Siglo XX. Desde el punto de vista ideológico, su pasión era reeditar la revolución de octubre de la vieja Rusia en la Bolivia altiplánica. La Tesis de Pulacayo, que es una copia del Programa de Transición de Trotsky, así lo confirma.
Lora nos ha legado una voluminosa historia del movimiento obrero intentando explicar los acontecimientos a la luz de los principios del marxismo, del leninismo y del trotskismo. Por ejemplo, contiene innumerables páginas que tratan de explicar su “repulsión” hacia don Juan Lechín. Y dice cosas contra Federico Escóbar y contra el propio Irineo Pimentel. En el caso de Lechín, lo llama “traidor”. En sus obras denominadas “Completas”, en la página 99, dice de Lechín: “Es la voz popular del momento. Los muros de la ciudad han gritado: ¡Lechín traidor!, que expresa el repudio de todo el pueblo a quien se ha convertido en instrumento del imperialismo”. A mi persona simplemente me ignoró por las divergencias que tuvimos ya en la Asamblea Popular y, posteriormente, el año 1973. De hecho, me borró de su Historia del movimiento obrero.
En los 60 volúmenes que dejó don Guillermo, lo que queda claro es que el que no estaba fundido con él, era ya detectado como su enemigo y, por lo tanto, enemigo del POR. Con mucha facilidad expulsaba a los militantes, aunque se tratara­ de valiosos cuadros. Era muy duro en sus críticas. En sus escritos, que son cientos y cientos de páginas, enarbola la siguiente pieza: “En este 9 de abril declaramos que seguiremos luchando tenazmente hasta arrancar la revolución de las garras del movimientismo”. Eso no ocurrió hasta su muerte.

Breve charla con Juan Lechín


Fue el año 1954 cuando en la plaza central de Oruro le estrechamos la mano a don Juan Lechín mi compañero Jaime Romero y yo. Una breve introducción para hablar de este personaje que hizo historia. Fue el dirigente minero más acusado y calumniado, sobre todo, por la misma izquierda y por su adversario más temible, don Guillermo Lora y ni qué decir de los políticos de turno. En sus 60 o más tomos, Lora usa más de mil frases para referirse a don Juan y no lo baja de traidor, burócrata sindical y otras sandeces típicas del estilo del lorismo.
A don Juan lo conocimos pues en la plaza principal de Oruro, junto a otro compañero del PCB, Jaime Romero, que era de mi edad; éramos dos jovenzuelos con sueños de conocer al hombre de abril. Mi persona, Filippo, ganado a la esfera del lorismo a nombre del trotskismo; por lo tanto, ya con una fuerte predisposición de crítica a Lechín; lo mismo le ocurría a Jaime, es decir, mantenía la crítica de los moscovitas a don Juan. En la plaza le estrechamos la mano, pero por “olfato” nos reconoce y antes de que nos presentemos como dos mineros jóvenes de la mina Siglo XX nos dice: “Ustedes deben ser trotskistas o comunistas”. Con Jaime cruzamos miradas y decimos: “¿Alguien le avisó?”. No, era el “olfato” de don Juan y así fue durante toda su lucha política y sindical: siempre se guió por el “olfato”. Y nos contó lo siguiente:

Me parece bien su militancia, les van a obligar a leer aunque el Lorita nunca quiso hacer eso conmigo. ¡Ay Jaime!, los del PC son herederos directos de los colgadores de Villarroel, del PIR. Jaime, cuando se tiene ese tipo de padre y de madre, los del PC van a terminar siempre traicionando. Para mí Lora es disciplinado, lee bastante, pero es terriblemente sectario, él se marginó de la Federación de Mineros por supuestas diferencias. ¿Saben cuál es la verdad?: Yo estuve con el fusil Máuser en las calles de La Paz y el Lorita estaba ausente, no lo vimos ni en Oruro y tampoco en La Paz. Su ausencia en la lucha fue muy jodida para Lora y eso no es culpa mía. La revolución triunfó el 11 de abril y el 17 de abril fundamos la COB. Todos en el local esperábamos, con mucha impaciencia, la presencia de Guillermo. Ese día estuve con tres de sus ex camaradas, con Ernesto Ayala Mercado, Edwin Moller y Orlando Capriles, y mirando la puerta nos preguntábamos en qué momento llegaba Lora; nunca apareció.


Simón Reyes, un auténtico comunista

Este hombre aparece en la década de los 60 como minero, en el seno de los metalúrgicos de Potosí. Pero Simón nació en Tarija, ¿cómo aparece entonces de trabajador minero? Es probable que cuando era muy joven haya conocido a los famosos tarijeños Oscar Alfaro, poeta, y a nuestro folklorista Nilo Soruco. Ya ganado a la causa del Partido Comunista de Bolivia, han influido sobre Simón para que se traslade a Potosí e ingrese a la mina con el objetivo de construir la vanguardia del proletariado por la vía del Partido Comunista.
En Potosí, el caudillo del partido era Abelardo Villalpando, acompañado por Gualberto Pedrazas. En sus escritos, Guillermo Lora hace referencia a los dos líderes, primero del PIR y luego del PCB. En el texto “¡No olvidar Potosí! Crímenes del stalinismo”, anota:

La masacre fue planeada y ejecutada por Gualberto Pedrazas, Prefecto del departamento, Abelardo Villalpando, Rector de la Universidad Tomás Frías y otros connotados stalinistas. Así comenzó la masacre, en la que cayeron 300 trabajadores; el crimen fue deliberadamente provocado por el stalinismo, que buscaba escarmentar a los mineros por el repudio que mostraban a su política pro-rosquera.

Simón, por su estatura, era extraño al potosino; ingresar a la bocamina con semejante estatura era irónico. En cada paso tenía que cuidar su cabeza; pero, a pesar de todo, su guardatojo chocaba siempre con la roca. Por su estatura, Simón se hizo conocer con los mineros del Cerro Rico. Tengo la información de que él no alcanzó a trabajar en contrato, no pasó de un mal carrero, esta es su gran diferencia con César Lora e Isaac Camacho; tampoco venía de la escuela pirista, otra diferencia con Federico Escóbar e Irineo Pimentel; tampoco participó en las jornadas de abril y nada tuvo que ver con la fundación de la COB, seguro que era muy jovenzuelo.
Simón aparece en Potosí acompañado de un partido relativamente fuerte: el PIR, que era una potencia política antes de abril. La mayoría de esa militancia se vistió de comunista de la nueva era. Su vertiginoso ascenso al sindicato Metalurgista de Potosí se debe, no a méritos propios, sino al poder de organización partidista. Simón no construye el partido, es el partido que lo transforma en dirigente minero y desde esa situación ascenderá desde los metalurgistas a la dirección de la Federación de Mineros en el VIII Congreso.
Simón Reyes fue un paladín de la defensa de las coyunturas democráticas; sin embargo, estaba muy lejos de Juan Lechín y de los dirigentes que le pisaban los talones a don Juan, como Irineo Pimentel, Federico Escóbar, César Lora e Isaac Camacho. Estos cuatro últimos eran la representación viva de los mineros de Siglo XX y Catavi. Simón había llegado de Tarija y se convierte en minero en la ciudad de Potosí.

“El Che era trotskista”


Estábamos cercados en Calamarca. La primera noche dormimos sobre unos cueros de oveja que nos facilitaron los del pueblo. Y le pregunté a Simón Reyes:
–Si los mineros intentan romper el bloqueo, ¿qué va a pasar con nosotros? Tengo el temor de que nos pueden “blanquear”.
–Sí, también pienso sobre eso –me respondió–. Mañana, en la asamblea tenemos que actuar juntos, oponiéndonos a todo intento de romper el bloqueo. Hay orden de disparar por aire y tierra. Debemos evitar una nueva masacre. Pero si la rabia de los mineros nos impone enfrentar al bloqueo, no tenemos otro camino que encabezar y en esos instantes podemos caer. Sí, todo eso puede pasar.
Y luego añadió:
–Quiero hacerte una confesión. Si salimos con vida de esto, no se lo cuentes a nadie hasta que yo muera. Filippo, toma debida nota, se trata del Che Guevara. Por informaciones que tiene el partido y todos los partidos comunistas, incluidos los de la URSS, el Che fue alumno del hermano mayor de Arturo Frondizi, que tenía formación trotskista. Por eso todos nosotros desconfiamos del Che. La razón fundamental es que Trotsky se declaró enemigo de la URSS antes que de Stalin y por esa posición antisoviética los troskos sirven al imperio. 

* Dirigente sindical minero.Fundador del MAS.

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