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15 de agosto de 2014 - Número 147

Sobre las democracias latinoamericanas y sus instituciones

Mikel Barreda*

Presentación de un libro de reciente aparición, "Las instituciones políticas de las democracias latinoamericanas" (Plural editores, 2014), que intenta, según su editor, “un análisis pormenorizado y comparado de las principales instituciones que configuran hoy las democracias de América Latina”. Por lo pronto, Barreda ofrece este juicio: “El conocimiento que aporta resulta clave para comprender no sólo el estado actual de los sistemas políticos de la región sino los desafíos a los que se enfrentan”.
Sobre las democracias latinoamericanas y sus instituciones

En las últimas décadas, los sistemas políticos latinoamericanos han experimentado transformaciones sustantivas. A finales de los años setenta, América Latina entró a formar parte de la conocida tercera ola de democratización y en poco tiempo la democracia en su sentido más elemental –como método de elección a cargos políticos– se hizo una realidad en prácticamente toda la región. Desde entonces, la democracia ha estado expuesta a amenazas muy diversas: intentos de golpe de Estado (por ejemplo, en 1996 en Paraguay o contra el gobierno de Chávez en 2002), disoluciones de congresos (como el realizado por el presidente Fujimori en Perú en 1992), destituciones de presidentes a través del procedimiento de juicio político (como en Brasil en 1992 o Venezuela en 1993) o de una intervención militar (caso de Honduras en 2009), la presencia de guerrillas que han amedrentado a candidatos y votantes en las elecciones (como en Colombia) o fraudes electorales (como en las elecciones peruanas de 2000). No obstante, los países latinoamericanos han sido, en general, capaces de sortear estas amenazas y avanzar de forma sostenida hacia la democracia.
Pero los cambios políticos recientes en América Latina no se agotan en los procesos de democratización, sino que afectan al conjunto de las reglas de juego político. Todos los países han reemplazado o reformado las constituciones y las leyes secundarias que regulan aspectos políticos clave como los procedimientos electorales o el funcionamiento interno de los partidos. Como resultado, se ha generado una oferta amplia y heterogénea de instituciones políticas a lo largo y ancho de la región. Prestar atención a estas instituciones resulta fundamental.
Por lo general, las publicaciones sobre las instituciones políticas de América Latina se han focalizado en elementos concretos (como el sistema de partidos o las relaciones ejecutivo-legislativo) y/o en áreas geográficas delimitadas. El libro que queremos presentar aquí, Las instituciones políticas de las democracias latinoamericanas, supone una manera muy diferente de abordar este objeto de estudio. Por un lado, pretende ofrecer una visión global de los principales mecanismos institucionales de las democracias de la región y dan cuenta de sus variaciones. Por otro lado, a diferencia de muchos trabajos, aquí se realiza ese análisis de forma comparada.

Los siete capítulos
Los siete capítulos que componen esta obra han sido elaborados por académicos vinculados a universidades y centros de investigación de distintas latitudes. Pero hay un elemento en común a todos: su enfoque teórico neoinstitucionalista. Los estudios parten de la base de que los actores políticos adoptan decisiones en respuesta a incentivos institucionales y subrayan ese impacto de las instituciones.
El primer capítulo, de Mikel Barreda, ofrece una panorámica de los cambios de régimen político recientes en América Latina y sus principales efectos, especialmente en lo que se refiere al mantenimiento de la democracia y su calidad.
Los capítulos siguientes examinan de una forma más detalla las variaciones institucionales de las democracias latinoamericanas. Se comienza por el análisis de las instituciones relativas a la forma de gobierno. Como enfatizan Daniela García, Luis Garrido y Patricio Navia, aunque todas las democracias latinoamericanas son presidencialistas, los arreglos institucionales en torno a las relaciones ejecutivo-legislativo evidencian notables variaciones entre ellas.
Los dos capítulos siguientes versan sobre dos cuestiones institucionales muy interrelacionadas: el sistema electoral y el sistema de partidos. El trabajo de Gabriel Negretto examina los elementos centrales de los sistemas electorales latinoamericanos, sus efectos e interacciones, así como las reformas electorales llevadas a cabo en las últimas décadas.
Una de las imágenes estereotipadas de los partidos políticos latinoamericanos es que son organizaciones bastante semejantes entre sí y en las que prevalece el personalismo y el clientelismo. Frente a esta imagen, el estudio de Leticia M. Ruiz pone de relieve la gran heterogeneidad del fenómeno partidista en la región, tanto en lo que se refiere a las características, estructuración y funcionamiento de los partidos como a la configuración de los sistemas de partidos. En particular, se subraya el hecho de que en los sistemas de partidos latinoamericanos conviven patrones de competencia programáticos, personalistas y clientelares, que no son excluyentes.
A continuación, Manuel Villoria y Esther del Campo examinan, en sus respectivos estudios, los poderes ejecutivos. Villoria centra la atención en las administraciones públicas estatales y revisa las iniciativas de reforma y modernización llevadas a cabo en la región. En su investigación constata que, a pesar de los avances en la mejora de la integridad, imparcialidad y eficacia de la administración pública, sigue habiendo déficits importantes. Para superar estos déficits, Villoria reclama la necesidad de grandes pactos de Estado con visiones holísticas de las reformas, el desmantelamiento de las reglas informales y relaciones clientelares, así como la superación del cortoplacismo en la toma de decisiones políticas.
El capítulo de Esther del Campo se ocupa también del poder ejecutivo, pero de un ámbito territorial diferente: el subnacional. Después de ofrecer una panorámica de los procesos de descentralización operados en América Latina, la autora examina el rendimiento de estos procesos y sus consecuencias políticas y económicas.
El capítulo final, de Ana María Bejarano y Renata Segura, hace referencia al intenso cambio constitucional que ha vivido América Latina desde 1978 y que, en los últimos años, ha sido particularmente pronunciado en la región andina. Su investigación sobre estos procesos constituyentes muestra que hay tendencias contradictorias en términos de profundización democrática: por un lado, los cambios constitucionales han expandido el listado de derechos y han abierto nuevos canales para la participación, pero, por otro lado, han creado arreglos institucionales en exceso favorables al poder ejecutivo.
En definitiva, este libro realiza ofrece un análisis pormenorizado y comparado de las principales instituciones que configuran las democracias de América Latina. El conocimiento que aporta resulta clave para comprender no sólo el estado actual de los sistemas políticos de la región sino los desafíos a los que se enfrentan. A pesar de los progresos obtenidos, las democracias latinoamericanas necesitan seguir desarrollándose para, entre otras cosas, ampliar la participación e inclusión políticas, mejorar la representación y la atención a las preferencias ciudadanas, y fortalecer el control de las autoridades.

* Profesor Agregado de Ciencia Política
en la Universitat Oberta de Catalunya.

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