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22 de octubre de 2014 - Número 149

Una reflexión preliminar sobre la elección presidencial 2014

Diego Ayo*

En esta elección 2014 hay un ganador claro: el MAS con Evo Morales como líder indiscutido. ¿Qué elementos nuevos quedan como herencia? Posiblemente menos de lo que se cree. En verdad, la hipótesis que guía este ensayo es que lo nuevo vino en proporción, no en diferencia: la elección de 2014 reedita características de las elección de 2009, aunque de forma más intensa.
Una reflexión preliminar sobre la elección presidencial 2014

En esta elección 2014 hay un ganador claro: el MAS con Evo Morales como líder indiscutido. ¿Qué elementos nuevos quedan como herencia? Posiblemente menos de lo que se cree. En verdad, la hipótesis que guía este ensayo es que lo nuevo vino en proporción, no en diferencia: la elección de 2014 reedita características de las elección de 2009, aunque de forma más intensa. Lo que asomaba como tendencias, se parapeta hoy como rasgos dominantes: 

–la creciente llegada del MAS a todo el país y en especial a Santa Cruz termina por sedimentarse; 

–el pragmatismo desarrollista como ideología hegemónica se sigue extendiendo, des-ideologizando el mapa político desde 2009; 

–la competencia electoral ya notoriamente inequitativa en 2009 se muestra en 2014 más desigual que nunca; 

–la espectacularización de la política y/o la carencia de ideas nuevas a partir de debates abiertos, se hace moneda corriente arrastrándose desde 2005; y/o 

–la mezquindad y falta de lucidez opositora se hace reiterativa, aunque esta vez con mayor rigor. 

En suma, lo que se estabilizó de 2009 en adelante, hoy se consolida.

1. La bolivianización de la izquierda del MAS

La elección presidencial 2014 tuvo rasgos llamativos. La elección de 2005 polarizó al país, no en vano las dos fuerzas más votadas, el mas y podemos, coparon juntos el 90% de los cargos. Esta polarización fue menos aguda en 2009. Lo que se jugaba no era ya la estabilización del modelo. Ello –esta estabilización– sucedió ya en 2008 gracias al referéndum revocatorio, el amedrentamiento político ocurrido tras los hechos luctuosos del 11 de septiembre en Porvenir y ya en 2009, la victoria constitucional. Lo que se jugaba esta vez fue, más bien, el inicio de la expansión del modelo, entendido como la posibilidad de que la matriz discursiva en ascenso –aquella que sostenía la plurinacionalidad, la presencia de un Estado más incisivo en la economía y la apertura a una democracia directa y/o comunitaria– tendiera a su bolivianización. 

Lo hizo, sobrepasando su votación en todo el país y pasando del 53,7% al 64,2% entre 2005 y 2009. Se observó que en regiones tradicionalmente cautelosas con la presencia de fuerzas de izquierda como Beni, Pando o Tarija, el caudal electoral a favor del mas creció en más del 100%. En Beni lo hizo pasando del 16,5% en 2005 a 37,7% en 2009; en Pando haciéndolo del 20,9% al 44,5% y/o en Tarija del 31,6% al 51,1% en el mismo periodo. El incremento en Santa Cruz fue menor pero ciertamente certero: de 33,2% a 40,1% (un crecimiento levemente menor al 30%). Su apogeo fue igualmente remarcable en las zonas de voto tradicional a partidos de izquierda. Por ejemplo en La Paz pasó del 66,6% al 80,3%; o en Potosí del 57,8% al 78,3%. La orientación en curso marcó pues un derrotero: el mas se hacía cada vez más universal, entendiendo por ello, más boliviano. 

¿Qué sucedió finalmente en 2014? Como se dijo: la orientación en curso desde 2009 se solidificó. El mas venció en ocho departamentos frente a los 6 que obtuvo en 2009. En aquella ocasión Santa Cruz, Beni y Pando no le dieron esa victoria; hoy sólo Beni le negó el triunfo. No hay pues dudas: la orientación del voto que tuvo vigencia durante más de medio siglo (desde 1956 el occidente vota a la izquierda y el oriente a la derecha), terminó por debilitarse. El triunfo en Santa Cruz lo demuestra con un porcentaje del 50,7%. Vale decir, la cruceñización del voto masista tuvo, este 12 de octubre, su consolidación, sumando un 10% más de adherentes (la última elección sumó el 40,1%). La síntesis de ello es contundente: la izquierda ya no es regional como lo fue por décadas. Es una izquierda nacional. 

Sin embargo, cabe hacer tres matices: uno, el ascenso del mas en los bastiones clásicos de la derecha, no es compacto. En realidad, su ascenso en Beni del 37,7% al 41,2% es escasamente relevante. En Tarija, incluso, mermó su apoyo electoral del 51,1% al 48,3%. Pando resulta más significativo pasando del 44,5% al 53,4%, es decir, un progreso del 16,6%, menor al de Santa Cruz que fue del 20% de 2009 a 2014. Cabe mencionar, además, que de 2005 a 2009 Santa Cruz ya había incrementado su caudal electoral en un 16% (pasando de 33 a 40,1%), lo que confirma que la novedad, en realidad se incuba desde antes. No es que el G77, la alianza con Percy, la “masiva” aceptación de ex enemigos ideológicos en las listas del mas y/o el pacto económico con el sector empresarial cruceño, no hayan tenido peso en la conquista del departamento. Empero, lo cierto es que aún hay una mitad que no apoya a Morales: el 38,1% de ud y el 8,3% del pdc, sumando 46,4%, lo confirman. Es un porcentaje de exactamente 10% menos al obtenido por Convergencia 52,6% y un 4,3% en 2009, quienes juntos sumaban 56,9%, y que hoy incrementa con ese mismo porcentaje al caudal masista. Reitero: la diferencia es de ese 10,5% de los votos, relativizando el “masivo” apoyo de Santa Cruz. 

Dos, este mas más boliviano ha tenido, sin embargo, notorios decrementos en su votación en sus bastiones de apoyo tradicional. En La Paz pasó del 80,3% de 2009 al 66,5%, que es idéntico al apoyo de 2005 de 66,6%. Volvió a su caudal de aquella elección de guerra. En Oruro y Potosí sucedió lo propio transcurriendo del 79,5% al 66,6; y del 78,3% al 64,9% respectivamente. En Chuquisaca en 2005 se obtuvo el 54,2%, en 2009, 56,1 y en esta última elección 60,5%. Fue un ascenso tenue. Menor lo fue en Cochabamba que en 2014 mostró un 64,8%, idéntico al porcentaje de 2005 de 64,8 y de 2009 de 68,8%. En suma, no es que el mas no sea igualmente dominante, sólo que lo hace con algunos raspones que matizan su “bolivianidad”.

Y, tres, el mas –esta es hipótesis– se viene convirtiendo en un partido conservador, siguiendo la ruta del mnr que si bien representó a las fuerzas progresistas en 1956, lo hizo a las conservadoras de 1979 en adelante. Esta es una hipótesis que sólo podrá ser respondida en el futuro. Queda como antecedente.

2. El pragmatismo del mas o su des-ideologización

El Evo del 2005 se erigió como un justiciero comunitario, y al hacerlo, catapultó una imagen de defensor de los marginados. ¿Qué quedó de ese Evo luego de esta elección? Considero que su postura de justiciero se basaba en la necesidad que tenía Bolivia de resolver tres grandes tópicos en pugna. Uno, la identidad visualizada como plurinacional en la cpe y como regional en los Estatutos Departamentales. Dos, la posesión de los recursos naturales que en la propuesta masista, quedaban en manos del gobierno central y en la visión departamental como propiedad de los departamentos. Y, tres, las autonomías que eran bandera departamental frente a una centralización de las más destacadas competencias (educación, salud, etc) como proyecto del mas. 

Hoy, la situación ha variado. Uno, la contradicción vigente entre identidades viene diluyéndose con cada vez más fuerza: los indígenas son cada vez menos indígenas (en el Censo, la auto-identificación bajó del 64% al 42%); se sienten cada vez menos agredidos en regiones otrora menos hospitalarias (como Santa Cruz o Beni), atenuando la politización étnica, y/o han logrado un encomiable ascenso social que atenúa la distancia entre bolivianos de distintas procedencias; del lado regional, no cabe duda que el temor de las élites regionales ha menguado notoriamente, al diluirse la posibilidad de perder sus propiedades y/o ver derrumbarse su modelo de desarrollo de tenor capitalista. Dos, los recursos naturales han quedado resguardados constitucionalmente, aunque su uso de parte de los grupos de poder empresarial (antes enfrentados al gobierno) ha sido ampliamente autorizado. Téngase en cuenta que se ha establecido un pacto con la empresa privada en Santa Cruz para subir la producción agraria de 3 a 10 millones de hectáreas y la cantidad de alimentos de 15 a 45 millones de toneladas hasta 2025. De acuerdo a la opinión de expertos ello agudiza la deforestación, explotación laboral y/o no pago de impuestos desde los bastiones más privilegiados de esta región. Y, tres, las autonomías ya no son carta de negociación. Sin autonomías, el gobierno ha prometido sanear 5 millones 500 mil hectáreas de tierra para consolidar este pacto productivo, ha puesto a Santa Cruz en el centro del entorno internacional con el G77, ha prometido una inversión de 2.980 millones de dólares para ejecutar el proyecto hidroeléctrico Rositas, entre otras obras destinadas al departamento. 

Por ende, se ha pasado de basar el proyecto masista en un sujeto, el su-jeto plurinacional, a otro, el sujeto poli-clasista; de un modelo de defensa de la Pachamama a un nacionalismo étnico desarrollista de orientación “neoextractivista” y de un modelo autonomista a un modelo que si bien ha mantenido las transferencias fiscales departamentales, lo ha hecho a costa de posibilitar una presencia centralista multiforme: coercitiva con los opositores, cooptadora con los arrepentidos y pactista con los poderosos. 

Este MAS tiene pues un ropaje desarrollista en lo económico y de “partido atrapa-todo” en lo político. Una doble característica que tiene la virtud de incluir a todos. El mas, por tanto, deja de ser un partido de izquierda y se convierte en el centro de gravedad del sistema político atrayendo todas las orientaciones- ideológicas en su seno. El mas ya no está en la vereda de la izquierda. No, el mas está en todas partes: es omnipresente. Representa todo. La elección de 2014 termina por consolidar este rasgo ya embrionario de 2009.

3. La democracia “a medias”: rasgo de esta elección (y de otras)

Esta elección consolidó la presencia de una democracia híbrida, caracterizada como aquella democracia donde la competencia no es equitativa. Diversas características dieron cuenta de ello: 

–la restricción de las libertades civiles, visualizada en la judicialización de la política, la publicidad mediática a favor del partido de gobierno que fue de 16 a 1 y/o la misma oligarquización del poder que privilegió a un escueto entorno palaciego que propone al margen de la institucionalidad democrática; 

–el establecimiento de “dominios” electorales a partir del uso de espacios públicos con fines electorales. Algo muy usual en los actos públicos presidenciales, presentados como actos de campaña electoral; 

–la compra de votos con uso de dine-ro en forma directa, dando pegas y/o con múltiples programas que focalizan recursos en función a intere-ses políticos (por ejemplo el “Evo Cumple” tuvo exactamente esa intención); 

–la intimidación de algunos enardecidos campesinos prohibiendo la presencia de la oposición en “sus” territorios; y/o 

–el mismo fraude electoral visibilizado en distintos casos, entre los que resalta el último de ellos: el Tribunal Electoral entregará los datos electorales finales recién en 10 días. 

Estos rasgos fueron visibles con mayor o menor intensidad desde 2006. No hay elementos novedosos.

4. La elección no-programática y/o la espectacularización de la política

Esta fue una elección de imágenes, no diferente a las otras dos desde 2005. En todas ellas, primó un sello: el no-debate. Ello define una estampa propia de una democracia post-representativa: la democracia de audiencias, donde cuenta menos la reflexión que la mera aceptación de obras. Ello deja un saldo caracterizado por una propuesta gubernamental pobre, un ciudadano inmediatista y una oposición mezquina.

–una propuesta oficialista pobre. No hay duda que el ofrecimiento del Seguro Universal de Salud o la creación de la “ciudad del conocimiento”, por citar algo, resultan interesantes. Sin embargo, son ideas poco elaboradas. A pesar de la insistencia discursiva gubernamental que pondera a los movimientos sociales como la base del poder, ninguna de estas ideas, menos aún la idea de la energía nuclear, ha venido “de abajo”, como fue el caso de la nacionalización y/o Asamblea Constituyente. No es extraño que así sea. Dentro del gobierno no se discute, se obedece. Los desgajamientos del msm, los indígenas del Pacto de Unidad y/o los libre-pensantes, son ejemplos de que la crítica es acallada. Incluso cuando hay iniciativas de reflexión, éstas son entre intelectuales del gobierno, con su dinero, sus propuestas y sus técnicos, pero nunca con la oposición. ¿De dónde pues podrían nacer ideas creativas? Las posibilidades son exiguas más aún cuando sabemos que gente de talento ha sido cooptada, resignando su capacidad de “piense”. 

–Una orientación del voto inmediatista: el votante no es tonto. Sin embargo, sí vota por las ventajas del presente a pesar de las amenazas del futuro. Esta elección confirmó eso. No hay garantía de que los precios internacionales de nuestros recursos naturales sigan altos en el futuro y, en caso de bajar, posiblemente nos percataremos de que el dinero fue usado en miles de obras faraónicas como el Satélite y/o el Teleférico, pero no en lo que debería ser la premisa básica de partida: el cambio de la matriz productiva. Sí, es cierto que vamos bien, pero es un “bien” de corto plazo. Mucha gente lo sabe pero igual apoya esta opción al mas. ¿Por qué? Porque no pueden esperar. Mejor algo inmediato que una cautela que posiblemente no rinda frutos. Por tanto, no hay nada que reflexionar. Sólo hay que recibir. La imagen cuenta más. Es la democracia del espectáculo.

5. La oposición mezquina, la necesidad del recambio

En esta elección se ratificó otro rasgo ya visto: la incapacidad de la oposición de plantear diversos aspectos centrales en una elección, en la que el oponente es tan poderoso como Evo Morales: 

–la capacidad organizativa para cohesionarse y establecer un único frente opositor, algo que no es un rasgo nuevo. Ya en 2005 y 2009, un rasguñó porcentajes mínimos de aproximadamente el 6% a la primera fuerza electoral (podemos y Convergencia, respectivamente). Empero, estas disputas personales por ocupar el sitial de adversario principal de Evo Morales, fueron menos evidentes en ambas elecciones pasadas por la inclinación del electorado hacia la primera fuerza opositora y sólo marginalmente por su apoyo a la segunda. En esta elección, este rasgo de desunión fue más nítido, en la medida que ud no terminó de unificar a las fuerzas de oposición (logró un 24% de los votos, el peor porcentaje de apoyo a la primera fuerza opositora desde 2005. En aquel año podemos alcanzó el 28% y en 2009 Convergencia el 27%) y el pdc superó en 2014 el 6% de Doria Medina en esas dos elecciones, logrando casi un 10% de apoyo electoral. 

–la creatividad para plantear modificaciones audaces y novedosas en la matriz discursiva dominante (aquella de corte comunitario, nacionalista, popular): Doria Medina quiso jugar en la misma cancha sin plantear una nueva matriz discursiva, limitándose a pedir mejoras en el manejo de la “cosa pública”, mientras Tuto no quiso jugar en esta cancha pero tampoco propuso alguna. Polarizó, o buscó hacerlo, rescatando el pasado, algo que terminó por permitirle conquistar el electorado más conservador, al margen de (auto) situarlo como neoliberal a ultranza (efecto boomerang de querer polarizar); Juan no pudo ni singularizar su propuesta, terminando como un gajo menor del partido de gobierno; y Vargas, aunque quiso apuntalar una nueva matriz, no fue claro ni siquiera en su crítica a la Ley de Tierras. 

–la eficiencia en la puesta en marcha de las campañas electorales: faltaron mensajes claros y llamativos; los partidos opositores carecieron de equipos de investigación que pusieran sobre el tapete el conjunto variopinto de “errores” gubernamentales; dependieron de recursos no-partidarios (el caso más ejemplificador es la presencia del mismo Samuel Doria Medina) e incluso obviaron la misma pertinencia “cronológica” de sus líderes, esto es, la oportunidad de ganar con candidatos nuevos. No se lo hizo (el caso de Luis Revilla es el más evidente: debió ser el recambio). También es de destacar que delinearon pobremente el objetivo mismo de la elección: creyeron que éste era ganar la elección presidencial cuando en verdad el objetivo residía en evitar que Evo Morales retenga el poder gracias a una modificación constitucional que impulse la re-elección indefinida con el apoyo de 2/3 de la Asamblea Legislativa. El objetivo, por ende, era visualizar esta elección como una elección parlamentaria, que buscase impedir el prorroguismo. No se lo hizo. Por ello, si el mas, a pesar de su apabullante victoria, no llega a contar con los 2/3 requeridos (tiene 24 senadores y 80 diputados. El número mágico son 111. Con estos datos alcanzarían a 104 y, por tanto, no acapararían los 2/3) ello no se daría por la brillantez de la oposición como efecto de una estrategia electoral planificada. 

Son los rasgos, creo, más relevantes de esta elección.

* Politólogo.


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