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22 de octubre de 2014 - Número 149

Diálogos indianistas

Hugo Rodas Morales*

Indianismos. La correspondencia de Fausto Reinaga con Guillermo Carnero Hoke y Guillermo Bonfil Batalla, Fabiola Escárzaga (compilación e introducción), La Paz, Centro de Estudios Andinos y Mesoamericanos (CEAM-México)/Fundación Amáutica Fausto Reinaga (Bolivia), 2014, 354 pp.
Diálogos indianistas

Es un honor inmerecido comentar esta valiosa correspondencia, que Fabiola Escárzaga reúne e introduce como líneas convergentes entre los indianismos de Reinaga y Carnero y la indianidad que incluye a Bonfil. Este libro revela al lector la intensa emotividad y compromiso que uniera, a la distancia, al intelectual boliviano [José Félix] Fausto Reinaga Chavarría con el intelectual peruano Guillermo Carnero Hoke, mediada por el peruano Alejandro Peralta y que incluye un discontinuado pero amistoso contacto de ideas entre Reinaga y el antropólogo mexicano Guillermo Bonfil Batalla. El comienzo del diálogo es un texto de Carnero que Peralta hace llegar a Reinaga, quien pondera como “mucho más que mi encuentro con el Manifiesto [comunista] de Marx. ¡Se lo juro!” y líneas después: “Carnero Hoke es para mí lo que fue Aníbal Ponce para J.[osé] Ingenieros” (: 47).

Resulta conmovedora esta comunicación en la que, durante una década (octubre 1969-junio 1979), el remitente procura identificarse con el interlocutor, con quien nunca se encontraría personalmente, rindiéndole superlativas muestras de cortesía y afecto, por encima de una opresiva y reiterada necesidad material que, en el caso del intelectual peruano, al parece fue mayor. Afecto que alcanza argumentos críticos más elaborados y amistad sin condiciones en Carnero y que borda en Reinaga una incontrolable rispidez inteligente, no libre de pretensiones despóticas. Me explicaré ordenando de modo temático tres cuestiones centrales:

a).  La recepción de ideas del interlocutor. Reinaga solicita reiteradamente información y reflexiones a Carnero y Bonfil, con las cuales va elaborando líneas centrales de su obra intelectual a publicar en una secuencia ideas-libros tan prolífica que el académico Bonfil, cuyas tareas burocráticas lo llevan a demorar sus respuestas por uno y hasta cinco años, la elogia sin reparos en 1978: “Admiro su trabajo y su extraordinaria fecundidad como escritor […] ¡3 libros de una vez!” (: 342, 345). Por ejemplo, Reinaga exige de Carnero un juicio “veraz, fuerte y resplandeciente” sobre su Poder indio (: 237); “necesito tu opinión; más que tu opinión tu ayuda; cualquier cosa, sea de forma o de fondo, hazme llegar (sic) cuanto antes. Entiéndeme: ¡Cuánto antes! […] dos semanas sería tarde; muy tarde; porque ¡Indianidad debe entrar en prensa, dentro de unos días!” (: 264). Con Bonfil era igualmente insistente: “Deseo de usted una opinión desnuda, sincera y veraz sobre [el libro] Indianidad. Una opinión si es posible cruda y cruel. Si se quiere. ¡Pero la verdad! Tengo a la vista opiniones de Europa, Perú; y he de tener hasta del Japón. Pero lo que me interesa es la suya; la suya.” (: 344).

Por su parte, Carnero busca encarnar las ideas de Reinaga como organización militante de lo indio, mientras Bonfil se expresaría en los límites de lo “académicamente correcto”, con ecuanimidad: “Debo advertirle algo, en aras de una amistad sincera y de la comunión básica de inquietudes e intenciones que me unen con usted: yo no he ido tan lejos. Tengo una formación académica urbana (a la occidental) que me ha moldeado y me pesa todavía; acepto límites que usted ha rebasado” (: 346). La distancia de Bolivia le hacía imaginar erróneamente que sus inquietudes podían tener un eco en las de Reinaga, quien era contrario a lo que llamaba “movimiento marxoide” de la Central Obrera Boliviana (cf. carta del 16 de agosto de 1971: 323) y al katarismo articulado al movimiento obrero en 1979.

En este punto central, la preocupación de Bonfil sobre la etapa final del régimen antinacional y antiindígena del gral. Banzer ―“Todos estamos muy alarmados”, escribe desde México en abril de 1978, “ante el proyecto de colonización del Oriente de Bolivia con 30 mil familias racistas de Sudáfrica, Rodesia (sic) [es] un problema en que todos, y no solo los bolivianos, debemos sentirnos comprometidos a hacer algo” (: 343-344)― evidencia que no asumía el separatismo del pensamiento de Reinaga respecto a lo boliviano, quien escribió: “El indio nada tiene que hacer con Perú o Bolivia anti-indios. Que se pongan de cabeza o de nalgas estas republiquetas inmundas, a mí que soy una conciencia india me importan un bledo. Que subsistan o desaparezcan, con sus nombres o sin ellos, a mí qué, ¡Qué! […] ¿Qué Pinochet haya dicho que se borre del mapa Bolivia? ¡Que se borre pues! ¡A mí qué! Yo soy indio, no soy Europa. ¡Occidente! Allende ha hecho una asquerosa traición a la Revolución. Ha sido una prostituta. ¿Por qué no hizo su ejército?” (cf.: 215-217; 221-222).

Convencido de que el propio “cerebro del indio está ocupado (desde 1942) por Cristo […] y ahora está siendo engañado por Marx” (: 353), el pensamiento de Reinaga se decanta no por el indianismo sino por una abstracta idea amáutica del Hombre, contraria al “pandemónium de tupajkatarismo” […], en este país que es ´el paraíso de las revoluciones´” (: 354). Así, terminó sosteniendo que: “A decir verdad, también que hace rato, he llegado a la conclusión, de que el indio desde 1942 a 1979, es un esclavo de esclavo. Y de los esclavos, mi querido hermano, nada de bueno debemos esperar. […] Ahí están los indios de Perú, y de Bolivia: pasto de prostitución del cristianismo y del marxismo. Ahí están ´los dirigentes campesinos´, los Felipillos y las Malinches de nuestro tiempo” (cf.: 271, 313).

b).  La indianidad en los tres autores.  Carnero se oponía a reivindicar la antropofagia, literalmente defendida por Reinaga, así como matar o negar al marxismo antes que a la derecha reaccionaria, pensando en un “segundo Tahuantinsuyu”: “Tu obra vale más allá de los pronósticos. La verdad ante todo, hermano del alma […]. Perteneces a la marea india y como tal eres su timonel; no te metas entre peñascos cuando tenemos el ancho mar por delante [;] recuerda, que el indio es generoso, ama, ve en su semejante a su propio hermano o a él mismo. Una cosa es meterle bala al traidor y al reaccionario derechista, y otra al hermano que no sabe el camino, ni tuvo la suerte ni el privilegio de haberlo encontrado como nosotros. Pachacutec enseñaba, no mataba. Disolvía sus fuerzas cada vez que liberaba a los pueblos […] a fin de cuentas somos más hombres que dioses”. (: 215-216).

Las observaciones de Carnero, que datan de mayo de 1974, fueron relativizadas por Reinaga ese mismo mes, al situarlas en una dimensión cósmica: “Las ´cosillas´ de mi profecía sobre la desaparición del Perú cholo y de [Salvador] Allende (el burgués socialista, que fue mi amigo) [al que llamara “prostituta vieja y ajada” insistiendo en el primer adjetivo] son imperceptibles briznas en un océano revuelto” (: 221). Lo que Reinaga definiera como su “odio al cholaje blanco-mestizo y a la Europa criminal” se debía, según escribiera a Carnero el 17 de febrero de 1970, a que en una de las agresiones contra los indígenas en Bolivia, al ser detenida su madre, c. 1903, por el gamonal Juan Berindoague, “desgarraron el bracito derecho de su criatura [Fausto Reinaga]; y cuando iban a desgarrarle el otro brazo… mi madre pidió ir al lugar del combate y a ordenar que los indios se replieguen […] Y así sucedió [siendo] conducida a la Cárcel de Colquechaca”. Agregaba que, de no haberle sucedido esa desgracia, no hubiera aprendido a leer y quizá hubiera muerto en la mina o en la guerra del Chaco (cf. : 90-91). Después diría que en el alma y corazón de los indios “no existe rencor ni odio. Y todo lo que hubo entre tú y yo [se refiere a la diferencia de criterios con Carnero], era posiblemente un resabio, un súcubo dejado en nuestra carne por España” (: 251).

Desde fines de 1978 Reinaga pensaba: “El ´Ama llulla, Ama súa, ama qhella´ es una invención de Europa […] porque es inconcebible que en una comunidad cósmica haya habido noción del robo, de la mentira y de la holgazanería. Estos atributos son de un sistema de la propiedad privada” (: 271). También la prosa de Carnero revela una recepción impresionista antes que racional de la teoría, invadida de expresiones mexicanas no muy afortunadas y de giros poéticos logrados: entre lo primero, el privilegiar la acción sentenciando que “los hechos son machos y las palabras hembras”, que Carnero remite a Chihuahua (: 103) y muchas otras (: 115, 137, 165, 215, 281, 285, 297, 312); entre lo segundo, sus elogios a Reinaga: “Hermano infatigable, incendio sin orillas”.

c).  La cuestión del poder “desde arriba”. La conquista del poder y el control del Estado para transformar la condición subordinada del indio, eran constantes en el indianismo de Carnero y Reynaga. Seguramente influido por la coyuntura boliviana, en la que el gobierno del gral. Alfredo Ovando daba pruebas de transformaciones revolucionarias nacionalizando la Gulf Oil Co., a la par de lo que prometía el gral. Velasco Alvarado en el Perú, Carnero escribió a Reinaga: “Ya pensamos en la urgencia de la toma de poder [por los indios] en Bolivia para, desde arriba, apresurar la liberación india a escala continental.”

Que Bolivia era el núcleo de dicho acontecimiento con carácter continental, estaba fuera de duda para ambos (cf.: 118, 157, 174, 262, 267, 288, 310), así como el de una alianza con los militares, por “el Ejército Indio que está en los cuarteles” (Carnero: 177) y en el plano internacional la especulación de un apoyo de la China de Mao (cf.: 112, 238, 240, 264, 278, 280, 285-286, 328 y 63-64, 67, 70, 73-74, 97, 114-115, respectivamente). Reinaga buscó a militares que fueran “bastión de las fuerzas nacionalistas, frente al avance del poder soviético” (: 212), un “derrotero ´nacionalista´” de derecha (: 218), pues su inmodificable anticomunismo, que Carnero no compartía, primaba en sus expectativas. Según Reinaga: “Un ex Ministro de Gobierno [José Cuadros Quiroga] del MNR delira con La Revolución India. […] Es el hombre más inteligente que tuvo aquél régimen. […] También hablé con un hombre célebre de la extrema derecha, Diomedes de Pereyra [que es] derrotista respecto la política del gral. Ovando; y no ve otra salida para esta tierra que su desaparición” (: 105). Respecto a la renuncia de Quiroga Santa Cruz, quien había nacionalizado el petróleo controlado por la Gulf Oil Co., Reinaga escribía a Carnero: “Acaba de jurar un Nuevo Gabinete del Gral. Ovando. Ganó felizmente la ´derecha nacionalista´. Se ha contenido el avance comunista. […] En este país no hay otra salida que la Revolución india, y tal vez bajo la tutela de EE.UU. de Norteamérica. No te escandalices” (: 134).

Cobijado por el gral. J.J. Torres en el Congreso Indio de Potosí, del 2 de agosto de 1971, Reinaga decía haber derrotado a comunistas y nacionalistas-revolucionarios e imaginaba “llegar al Poder por 5, 7, 10 días; tiempo suficiente para abrir una nueva ruta, un nuevo derrotero a la humanidad [con] 5 o 7 Decretos que hubieran deslumbrado, mejor, abierto los ojos de este pobre gusano que es: el hombre de Occidente” (: 329). No lo habría hecho “por culpa de Carnero Hoke, que en vez de asistir a la audiencia que día tras día le esperaba en el Palacio de Gobierno de Bolivia, él no se movió de Lima” (: 329). Lo que detenía a Carnero era su miseria económica y su salud, pues temía la altitud de La Paz.

Reinaga, que había escrito que la tesis india era un “ataque frontal a la ´revolución socialista´ de los mestizos” (: 166), apelando a una “vanguardia organizada de la raza” (: 158) y anunciando que la Revolución india haría “correr océanos de sangre chola” (: 159), entregó la tesis india del PIB al Alto Mando militar del gobierno de Torres en 1971, obteniendo su difusión desde la Radio del Estado (: 172) pero, lo que es más significativo: contra la Asamblea Popular que constituía un germen de poder dual respecto al gobierno, imaginando, por ocurrencia de Carnero y sin reparar en que significaba una derivación inapropiada del ámbito peruano hacia el boliviano, una Asamblea Comunera aliada al “indio” Torres. A la caída de Torres, Reinaga pidió ayuda a Paz Estenssoro del MNR, que cogobernaba con Banzer.

La ingenua o malhumorada acusación de Reinaga contra Carnero, se continuó con el proyecto posterior de postular a un candidato militar con un vicepresidente indio (ibíd.), “un bloque militar-indio, subrayo con la ideología india” (: 264); o nombrar a Banzer “padrino” de un libro suyo. Banzer mandó reprimir a Reinaga y sus familiares y saquear su biblioteca. Sus denuestos alcanzaban al Movimiento Indio Tupaj Katari (MITKA), dirigido por Constantino Lima, al que propuso la unidad para postular al gral. Juan Pereda acompañado de un vicepresidente indio (1978), luego que dicho militar lo ayudara a obtener varios centenares de diversos libros suyos (cf.: 286-287), resultando rápidamente desairado.

La visión política de Carnero era más sensata, lo que se prueba en sus observaciones a Reinaga, a propósito del libro Indianidad: “Hay dos partes que te contradicen. Una es cuando atacas indiscriminadamente a quienes somos mestizos y conducimos movimientos indios; incluso te atacas [al decir que] el indio sólo debe ser conducido por el indio. [Además sobre la dialéctica] no porque fuera interpretada por los griegos y elevada por Hegel deja de ser expresión natural. [La entendieron] los mayas en Hunapuc. Y entre los quechuas y los aymaras por el ayllu, por la Pachamama y Huiracocha, todos en constante transformación. […] Tú entras a pegar pateando, escupiendo, con una rabia no siempre bien afortunada. Ten presente que la gente te quiere porque te has elevado a su maestro (sic); pero después del grupo, de la llamada de atención en clase, viene la lección. [Con] ´Es ser lo que se es´. ¿No estás llegando al dogma?” (cf.: 269-270).

Visto en la perspectiva histórica que documenta esta valiosa correspondencia entre Reinaga y Carnero, es comprensible que el primero demostrara ineficacia en su práctica política. Lo que más requirió de Carnero fue la tesis política del Partido Indio de Bolivia (PIB), específicamente su plataforma política: ¿cuáles serían las medidas que tomaría un poder indio? ¿qué hacer con el poder? ¿en qué consistiría el socialismo cósmico? Es decir, los criterios centrales para orientarse en la lucha política (cf.: 158-159). La tesis política que Reinaga requería para la Confederación de Trabajadores Campesinos de Bolivia, desde comienzos de 1971, diciendo encontrarse en la “antesala del poder”, debía señalar cómo se realizaría el poder indio: “Desde luego para enfrentarnos y derrotar a la COB y a Lechín pensamos en un bloqueo de caminos en toda la República. Si aconteciera tal cosa sería terrible, fatal y decisivo” (: 158). Así aconteció, pero ocho años después y no en el sentido de Reinaga (PIB) sino del katarismo campesino de la CSUTCB aliado a la COB, dando lugar a un proceso indetenible de conquista democrática por dicha alianza obrero-campesina, que terminó de sepultar al PIB por su compromiso público con la dictadura del gral. Luis García Meza, con el tercer golpe militar en tres años, que negaba la lucha por la democracia luego de tres elecciones generales sucesivas (1978, 1979, 1980).

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La muy útil y clara Introducción de Fabiola Escárzaga a esta correspondencia (: 3-41), ordena y sugiere problemas actuales de riqueza histórico-política indudable, como el de la legitimidad de los gobiernos de la región andina respecto a la reivindicación radical de indianismo y el decurso de su herencia en relación al katarismo. En el caso de Bolivia, se sostiene que el Estado Plurinacional desarrolla políticas indigenistas (rechazadas por Reinaga) bajo un discurso indianista. Podemos preguntarnos además si el propio discurso del MAS es indianista por el mero hecho de que el vicepresidente Álvaro García afirme que un libro de los más de 30 de Reinaga “le cambió la vida y la forma de pensar” (Esteban Ticona, La Razón, 30.08.14), o si el presidente Evo Morales no es en los hechos sino un “neoliberal disfrazado de izquierdista”, como sostiene el Mallku Felipe Quispe, conocido líder indianista que participara del MITKA en 1979.

En la Introducción se periodiza además la ruptura de Reinaga con el marxismo indoamericano de Mariátegui, que fuera una de sus fuentes principales. También podríamos preguntarnos sobre la difusión escrita y en castellano que elige Reinaga y si ello “devuelve al indio su propia palabra ya escrita y con ello le da una voz más potente y duradera” (: 38). La enorme riqueza de esta correspondencia, que se prologaría en otro texto en preparación (: 4, n. 4), para la historia y política no sólo del variado indianismo, sino de Bolivia como nación de tensiones irresueltas, es evidente.

Ciudad de México, CIALC-UNAM, 24 de septiembre de 2014.


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