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15 de julio de 2014 - Número 146

El beso de las Mujeres Creando: Subversión y misoginia

Patricia Flores Palacios*

Escribe Flores: “¿Qué vemos en estas fotografías? Una acción pacífica en el atrio de la Catedral de La Paz, una acción que María Galindo y Mujeres Creando llamaron ‘Escultura lesbiana’. Consistía en un abrazo y en un beso. Pero eso, sólo eso, fue suficiente para provocar la acción violenta y represiva de la Unidad Táctica de Operaciones Policiales, UTOP. No había nada amenazante, ninguna actitud que alterase el orden público. ¿O la propia identidad es una amenaza en estos tiempos ‘de cambio’?”.
El beso de las Mujeres Creando: Subversión y misoginia

La brutalidad policial-parlamentaria
Las dos mujeres estaban rodeadas de pancartas que decían: “Ley antidiscriminación es pura decoración”, “GLTB = gorda, lesbiana, terca y boliviana”, “No hay libertad política, sin libertad sexual”, “Sueño con un mundo sin ejército, NO con maricones en el ejército”. Quizá estas frases fueron las que desencadenaron la brutal agresión policial. (Y lo de brutal está verificado: ver los testimonios periodísticos; ver las huellas de los golpes en los cuerpos de María Galindo y las otras integrantes de Mujeres Creando; ver las fotografías que acompañan esta nota). Pero también fueron brutales las expresiones misóginas y homofóbicas de un representante nacional.

La historia se repite

Y esta es la misma violencia policial que la perpetrada contra Mujeres Creando cuando el grupo protestó la promulgación de la Ley 348 en inmediaciones de Plaza Murillo en febrero de 2013 o cuando denunció esa farsa mediático-folclórica de los “Matrimonios Colectivos desde Nuestra Identidad” en mayo de 2011. Se habla de derechos, pero se los vulnera una y otra vez.
Y es que la sola presencia de Mujeres Creando y María parecería una amenaza al sistema, una afrenta a la heteronormatividad, una subversión al orden judeo-cristiano y al teatro culturalista andinocentrista. Y ellas no necesitan mayor institucionalidad que la calle, las paredes o cualquier espacio público (y el atrio de una Iglesia lo es) para revelar las distancias entre el fetichismo jurídico y la realidad, entre la discursividad y las acciones estatales. Basta sólo eso para constatar cuán vigentes y vitales continúan los mandatos medievales e inquisidores de una memoria larga.

Acciones y discursos
¿Y es que definitivamente la osadía de un beso entre mujeres en la Plaza Murillo o un cartel interpelador y o la mera presencia del propio cuerpo son ya amenazas para un orden estatal anclado desde centurias en el patriarcado colonial, en imperativos machistas, homofóbicos y misóginos? ¿Hemos cambiado tan poco que –a pesar de los enunciados descolonizadores, despatriarcalizadores, de las discursividades grandilocuentes sobre “el vivir bien– se recurre de manera reiterada al uso monopólico de las fuerzas represivas del Estado y paradójicamente contra quien planteó precisamente la despatriarcalización?

La misoginia estatal

Aquí el “método” de lucha despatriarcalizadora de Mujeres Creando, un método que supone un “afuera de la institucionalidad dominante” y un “afuera del Estado”, devela un claro contenido: que el patriarcado en el proceso de cambio sigue incólume, que las leyes son tan sólo enunciados porque no las cumplen o acatan los propios servidores públicos, que la discriminación, la misoginia y la homofobia son las “estructuras estructurantes” de representantes nacionales como Roberto Rojas.
Lucha despatriarcalizadora que a su vez sintetiza la impotencia, la bronca, la ira y la desesperación ante la pérdida de las esperanzas de cientos de mujeres, lesbianas, homosexuales, travestis y familias que no encuentran justicia. A casi una década de “cambio”, Bolivia es el país de la región con los más altos índices de femenicidio e indefensión por la violencia machista y homofóbica. Una violencia que está también cómodamente instalada en el Estado, sus instituciones y sus representantes. Porque son los hechos los que hablan, los que escriben la historia. 

*Feminista queer y comunicadora social.

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