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15 de junio de 2014 - Número 145

La nación boliviana y el proceso de globalización

Gustavo Fernández, Marité Zegada y Gonzalo Chávez*

La propuesta o tesis de este texto, resumen de una investigación mayor, es la siguiente: “Una cadena de mutaciones en el sistema económico y político, global y regional han modificado sustantivamente la naturaleza de la inserción boliviana en el proceso de globalización”.
La nación boliviana y el proceso de globalización

Y entre las transformaciones que han operado ese cambio, las más importantes son: la revolución tecnológica, el cambio del eje de poder del Atlántico al Pacífico, la convergencia entre las economías de los países en desarrollo, la lenta recuperación de las economías de los países avanzados de occidente luego de la gran crisis de 2009 y la emergencia de Brasil como primera potencia regional. Todos estos cambios coinciden, de diversas maneras, con las transformaciones en la estructura política, productiva y demográfica del país.
Los acontecimientos descritos representan un auténtico cambio de época. En el siglo XXI, la nación boliviana y el mundo son radicalmente distintos de lo que fueron en el siglo XX. Para Bolivia, a diferencia de todo su pasado colonial y republicano, Sudamérica es, al mismo tiempo, el vector de influencia y el escenario de su proyección económica, política y geopolítica.
En ese contexto, la investigación “La construcción de la nación boliviana en el proceso de globalización sudamericana” buscó identificar y analizar las opciones de inserción internacional de Bolivia y las características de la construcción de la nación boliviana en el siglo XXI, a partir de su nueva ubicación estratégica. Este artículo presenta algunos resultados alcanzados por el estudio (que se ejecutó como parte de la convocatoria “La nación boliviana en tiempos del Estado Plurinacional” del Programa de Investigación Estratégica en Bolivia).

Cambios en Bolivia desde 1980

En los últimos 30 años, se ha producido un profundo cambio en el eje económico de Bolivia. En 1980, el Occidente del país (Oruro, Potosí y La Paz) exportaba el 70% del total nacional en minería y productos no tradicionales; el restante 30% provenía de lo que hoy conocemos como la “media luna”. Para el año 2011, esa relación se ha invertido: los hidrocarburos representaron ese año el 44,9% de las exportaciones totales del país, frente al 26,7% de minerales, 24,6% de manufacturas y 3,71% de agricultura y ganadería. Concurrentemente, se ha producido una reversión en la composición poblacional. Potosí y Santa Cruz son los dos extremos del flujo migratorio: uno cae y el otro sube. La gente se movió de los centros mineros de los Andes a las zonas agrícolas de las tierras bajas.
En ese contexto, en la década inicial del siglo XXI se escribe el primer capítulo de una nueva historia de Bolivia y de su inserción internacional. Su rasgo central es la conformación de un nuevo polo demográfico, económico, político, social y cultural en el inmenso territorio nacional que forma parte de la Cuenca del Plata, en un arco que cubre las tierras bajas de oriente y los valles del sur. El núcleo de ese polo es el departamento de Santa Cruz. Ese polo –gasífero, agrícola, ganadero– se complementa, se entrecruza y compite con el polo andino histórico, minero y comercial. Entre ambos estructuran el perfil de un nuevo país que diversifica su estructura productiva, amplía la ocupación efectiva de su territorio y se proyecta hacia el Atlántico y el Pacífico.
Hacia el siglo XXI, el mercado global marca el ritmo de la economía dominante y ha penetrado en los mundos y submundos de vida de sectores sociales históricamente invisibilizados y subalternizados, adquiriendo otros sentidos. Amplios sectores económicos sintonizan con el capital internacional, actualizan sus intereses y potencian sus actividades económicas a partir de una nueva vinculación con la globalización. Al mismo tiempo,se generan procesos de transformación identitaria, combinan y/o yuxtaponen las matrices originarias de conformación de imaginarios, con elementos que provienen del mundo globalizado, en un juego paradójico en el que lo local/originario constituye la base a partir de la cual se establece la relación con el mundo.

Nación y globalización

La investigación ha puesto en evidencia:
a)   La intensidad e impacto decisivo de la globalización en sus diferentes formas, en el desarrollo de Sudamérica y Bolivia. El sistema internacional actual –unipolar en el plano estratégico militar, multipolar en el económico, y diversificado en el de los actores no estatales– es sustantivamente diferente del precedente. Debe mencionarse, con énfasis, el impacto del cambio en la matriz energética global y la eventual ruptura del equilibrio ecológico, como dos de los desafíos que se plantean al desarrollo regional y boliviano.
b)    La forma en la que las relaciones externas bolivianas –económicas, políticas y sociales– se han sudamericanizado, con eje en la insurgencia de Brasil, con el que el país sostiene su principal vínculo económico y con el que comparte la mayor frontera del continente.
c)    La gravitación creciente del comercio con China, como un factor que gravita y gravitará en la perspectiva del desarrollo nacional.
d)    Las enormes dificultades del Estado para adaptarse a las nuevas realidades, determinadas por factores externos fuera de su control y por el extraordinario dinamismo y creatividad de los grupos y actores sociales. La sociedad es más fuerte que el Estado.
e)    La manera en la que la construcción de la nación se sitúa –esencialmente– en la intersubjetividad social –en la sociedad y su dinámica– como lo sugieren los casos estudiados (productores soyeros en Santa Cruz y comerciantes de La Paz), con referentes regionales en un caso y étnico en el otro.
f)    Que el discurso de la plurinacionalidad no convoca ni interpela a quienes acoplan cotidianamente su identidad, de lo comunitario local a lo global, en el propósito de encontrar un lugar propio en el vasto contexto de la globalización.
g)    Que la apertura al mundo globalizado afecta los viejos códigos binarios internos, construidos históricamente, de identidad y relación con el otro; para los cruceños la relación con el colla y el andino; el citadino o el blanco para los pueblos aymaras. El mercado penetra esos códigos, democratiza el acceso a los bienes, genera una diferente calidad de relación.

Algunas recomendaciones

De la investigación se deduce, aunque parezca obvio, que todas las políticas públicas nacionales deben incorporar los factores externos como un insumo insoslayable de su elaboración. La frontera entre lo nacional y lo internacional se está borrando aceleradamente. De la misma forma, subraya la necesidad de promover la articulación y reafirmación de la identidad local, ensamblando el pasado con el presente y proyectándola en el espacio nacional y global, con el objeto de construir una comunidad política común, “un nosotros”, desde donde se relacione con la dinámica de la globalización. Para ese propósito, se tienen que ensamblar, entrecruzar, complementar, las fuerzas sociales que se han puesto en movimiento en los dos grandes polos del país, el andino y el del Plata.

* Abogado, socióloga y economista.

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