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22 de octubre de 2014 - Número 149

Seguro Universal de Salud: La reforma sanitaria pendiente

Henry Oporto*

La salud pública está en estado grave, esperando por una cirugía mayor, que pueda reformar el sistema sanitario, enfocada al Seguro Universal de Salud y la reingeniería institucional del sector.
Seguro Universal de Salud: La reforma sanitaria pendiente

Hospitales colapsados, desprovistos de personal médico, equipos y medicamentos; servicios de mala calidad; colas cotidianas de pacientes en busca de “ficha”; enfermos de cáncer, diabetes y otras enfermedades graves, que requieren intervenciones especializadas y no son atendidos; alrededor de 40% de la población sin seguro de salud y que no acude a los servicios públicos. Tal es el cuadro patético que exhibe la salud pública en Bolivia. 

El gobierno de Evo Morales ha descuidado la salud pública. Lo poco que ha hecho, lo ha hecho mal, sin ninguna política clara, interrumpiendo programas e improvisando otros, designando autoridades a cual peores, copando cargos con militantes y allegados políticos, aumentando gastos burocráticos pero sin invertir en equipos ni infraestructura. Tras años de sucesivos fracasos, se ahonda la brecha entre los problemas y la capacidad institucional para resolverlos. Tanto así que la tasa de mortalidad materna ha vuelto a despuntar, y no porque falte dinero. De hecho, vivimos una bonanza fiscal que, no obstante, se derrocha en clientelismo, corrupción y gastos superfluos, pero la salud permanece relegada, con un presupuesto incipiente, con médicos y personal sanitario escaso y mal pagado. Lo insólito es que el gasto en Defensa y en Gobierno (2013), fue seis veces más que el gasto en Salud; ciertamente, la política pública está patas arriba. 

El sistema de salud necesita de una reforma integral y profunda; que construya sobre lo que tenemos, que no es poco, a pesar de sus falencias. ¿Qué es lo que tenemos? De una parte, un sistema de Seguridad Social, constituido por las cajas de salud, que brinda cobertura al 39% de la población (4 millones de personas), y que requiere ser reestructurado. De otra, los seguros públicos (sumi, sspam y dos departamentales en Tarija y Beni), que atienden al 22% de la población (2.3 millones personas), y que a la vista de su negligente administración actual, urge que sean rescatados y mejorados. Y para ello no se necesita de más dinero, puesto que la ejecución presupuestaria del sumi no supera el 80%; existen dineros que simplemente no se están usando. 

La seguridad social y los seguros públicos –debidamente reformados y fortalecidos– son los cimientos para edificar un sistema sanitario universal, equitativo y eficiente. Por cierto, es preciso diseñar políticas eficaces para articular ambos sistemas, y generar sinergia y complementación entre sus estructuras y servicios. La clave es una reingeniería institucional. Precisamente, este es el punto focal de la propuesta de política de salud, que formula el experto Guillermo Aponte. 

Seguro Universal de Salud

Dado que la cobertura de la seguridad social y de los seguros públicos llega al 61% de la población, lo que resta es incorporar al 39%, que ha quedado al margen. Hasta hace una década atrás, este objetivo parecía utópico e inalcanzable –simplemente porque no había dinero para financiar un seguro universal–. Pero hoy en día la situación es diferente: el Estado está en mejor posición fiscal para asumir buena parte de dicho costo; además, que se pueden implementar estrategias financieras inteligentes para apalancar recursos y ampliar las fuentes de financiamiento, incluso con el aporte de los propios beneficiarios. 

Según Guillermo Aponte, lograr un Seguro Universal de Salud (sus) no es solo factible sino imperativo. El objetivo sería incorporar al sistema de salud a 4.7 millones de bolivianos, comprendidos entre los 5 y los 60 años. Ciertamente que ello no podrá hacerse de una vez. Habrá que avanzar progresivamente, comenzando por un Seguro de Enfermedades Graves y, también, por un Seguro para Discapacitados. Los estudios técnicos determinarían las pautas de costos, financiamiento, oferta sanitaria y modelos de atención. Y el sus sería la estrategia principal para reformar el sistema sanitario, incluyendo la descentralización administrativa territorial.-

Reingeniería del sistema de salud

El principio básico que propugna Aponte es especializar y diferenciar funciones, ya que concentrar roles en una misma entidad es ineficiente y provoca muchos efectos perversos. La propuesta, entonces, es separar las tareas normativas de las de prestación sanitaria, de prevención de riesgos, de afiliación y cobro de aportes, de gestión financiera, de supervisión y regulación de los servicios, de modo que esas distintas funciones correspondan a instituciones diferentes, y así ganar en calidad de los servicios y también en transparencia y en una mejor administración de los recursos. 

La reingeniería institucional comportaría cambios en el papel de la Caja Nacional de Salud, que pasaría a ser únicamente proveedor de servicios médicos, dejando las labores de afiliación, registro, cobro de aportes y juicios coactivos. Estas funciones serían trasladadas a una Tesorería de Seguros de Salud. Se propone, también, que la gestión de accidentes de trabajo y enfermedades profesionales así como el control de las obligaciones patronales y la prevención de riesgos laborales e higiene y seguridad industrial, sean delegadas a Mutualidades de Riesgo Profesional, conformadas por organizaciones civiles sin fines de lucro, debidamente acreditadas. 

La supervisión de la calidad de los servicios de salud –públicos y privados–, lo mismo que la fiscalización de los recursos económicos asignados a los entes gestores, deben ser competencia de una Superintendencia de Salud, concebida como un organismo regulador independiente, eminentemente técnico y con plena autonomía de gestión, y con la facultad legal de recibir reclamos de los usuarios, reunir y transparentar la información y aplicar sanciones. 

Todo ello supone reinventar un Ministerio de Salud altamente profesional y capaz de ejercer la rectoría del sistema, definir políticas y normas, planificar con visión estratégica, controlar la ejecución de los programas nacionales, coordinar el funcionamiento de las entidades del sistema, participar de las políticas medioambientales y de sanidad básica. Asimismo, reforzar el rol de las gobernaciones, traspasándoles la administración del personal sanitario y otras tareas que bien pueden ser desempeñadas en el ámbito departamental y de forma descentralizada.

El modelo de financiamiento 

El estudio de Aponte sugiere que el sus sea financiado combinando el régimen contributivo de la Seguridad Social, con el régimen no contributivo de los seguros públicos. La extensión de la cobertura a la población no atendida actualmente, conlleva la necesidad de una contribución estatal mucho mayor –su cuantía debe ser determinada mediante estudios específicos–. De acuerdo a una estimación preliminar, se requieren recursos adicionales del orden de los 4.000 millones de bolivianos, equivalentes al 3.5% del Presupuesto General del Estado, lo cual supone que el presupuesto del Sector Salud debería aumentar del actual 5.6% al 9.1% del pgn. 

Aponte propone constituir un Patrimonio Autónomo en Fideicomiso, con un aporte fiscal extraordinario equivalente a ese 3.5% del pgn. Dicho aporte provendría de una fracción de la renta del gas, a ser determinada –otro porcentaje debería destinarse a educación–. De este modo, se haría justicia a la noción de que el gas debe servir, ante todo, para mejorar el capital humano. 

* Sociólogo.


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